| OPINIÓN |
Tribuna
de comunicación |
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Radio pública-radio privada:
Las reglas del juego.
Alfonso Cavalle |
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España es un caso peculiar en la radiodifusión de nuestro
hemisferio. Mientras en América del Sur y del Norte la radiodifusión
es históricamente y en la actualidad, casi total y exclusivamente
privada, en Europa ha sido pública y sólo en la última
década ha irrumpido con fuerza la radiodifusión privada.
Sin embargo, la radio nace privada en 1924 y sólo doce años
más tarde comienza a emitir la radio pública, conviviendo
las dos desde entonces conformando lo que se ha dado en denominar el modelo
español de radio, sobre el que se han vertido unánimes elogios
por expertos de todos los países.
Este modelo de convivencia ha experimentado en los últimos tiempos
una profunda transformación que afecta al statu quo preexistente.
La transformación ha consistido en un considerable aumento de la
oferta radiofónica pública en los niveles autonómico
y municipal no justificada en la mayoría de casos en términos
de audiencia, ni tampoco desde la consideración de que esté
atendiendo a una demanda realmente sentida.
Ese dimensionamiento excesivo de la oferta de radio pública en
términos cuantitativos se construye, además, sobre un esquema
de financiación que tiene efectos perversos sobre los radiodifusores
privados y sobre las mismas emisoras públicas que ven desnaturalizada
su razón de ser y su función.
En efecto, la doble financiación de las emisoras
públicas autonómicas y municipales a través de los
presupuestos públicos y de la venta de publicidad, supone un caso
de competencia desleal, que perjudica seriamente a las emisoras privadas
que sólo tienen la publicidad como única y exclusiva fuente
de recursos para financiar su actividad.
Esa competencia desleal produce, entre otras cosas, una marcada distorsión
en el mercado publicitario, ya que la radio pública, al no depender
sólo de sus ingresos publicitarios, puede vender, y de hecho lo
hace, con unos precios muy por debajo de los mínimos que puedan
aplicar las radios privadas.
En bien de todos, de la limpia y leal competencia, y en beneficio de la
claridad y de la coherencia con las funciones y objetivos que a cada tipo
de radio compete, las emisoras publicas autonómicas y municipales
deberán seguir el ejemplo de Radio Nacional de España, la
radio pública estatal, que abandonó la doble financiación
y, a través de un contrato-programa sólo se financia con
los recursos públicos. Si, en su día, se utilizó
como argumento para justificar la doble financiación de autonómicas
y municipales el que su hermana mayor, Radio Nacional de España,
sí la tenía, ahora también debería jugar ese
argumento para lo contrario.
La clara separación de la financiación incidiría
en los contenidos programáticos y en el carácter de los
dos tipos de emisores, con vocaciones claramente distintas. Se diferenciaría
así la radiodifusión de servicio público, que debe
ser sólo la que tiene tal titularidad, de la radiodifusión
comercial, de titularidad privada y carácter comercial, poniendo
fin a la concepción que nuestra legislación tiene de toda
la radio como servicio público esencial, que quedaría sólo
para la radio pública, mientras que la radio privada debería
tener la consideración de actividad privada de interés público.
Para todo ello, la modificación que se anuncia de la Ley de Ordenación
de las Telecomunicaciones podría ser una buena oportunidad.
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