| OPINIÓN |
Tribuna
de comunicación |
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En el tema de las telecomunicaciones referidas al medio radiofónico,
me correspondería únicamente hablar de la administración
del espectro radioeléctrico, y por lo tanto de lo que podríamos
denominar el hardware o los elementos físicos que permiten la difusión
de información.
Pero es evidente que las telecomunicaciones están desbordando hoy
la concepción estrictamente técnica o tecnológica.
Las telecomunicaciones se convierten en un vector de cambio social y en
un elemento soporte de lo que es la esencia de la democracia, porque a
fin de cuentas la democracia se alimenta de la libertad de información,
y de la responsabilidad de los agentes que producen y difunden esta información.
La radio es un agente privilegiado desde ambos puntos de vista: desde
la capacidad que tiene de difundir y llegar a una parte muy importante
de la población, y también desde la calidad, la veracidad,
la transcendencia de sus contenidos y de la responsabilidad ética
de quienes los conciben.
Por eso, inevitablemente, un ministro de las telecomunicaciones no puede
limitarse a hablar de hertzios, o del reparto del espectro de frecuencias,
tema, por cierto, que está siendo objeto en todos los países
de una gran polémica sobre las reglas de atribución. Leía
recientemente que en Francia van a crear una agencia nacional para la
administración del espectro radioeléctrico y la asignación
de frecuencias hertzianas, habida cuenta de que se han convertido en algo
muy escaso, para cuyo uso se compite y mucho.
El Gobierno francés ha decidido crear una agencia, un ente público,
encargado de la administración de este espectro bajo reglas estrictamente
competitivas, y creo que tienen planteado incluso la posibilidad de someter
a pública subasta todas las frecuencias del espectro hertziano
para asignarlas a aquellos usos que en una competencia económica,
los agentes entiendan más adecuados.
Hay intereses económicos importantísimos detrás de
la asignación de las frecuencias del espectro radioeléctrico,
un bien público escaso por definición,susceptible de usos
alternativos, y, por lo tanto, disputable, y hay también una trascendencia
política fundamental porque la comunicación, como les decía
antes, esencia de la democracia, materia prima de la elección de
los ciudadanos, alimento de su opinión, no puede dejarse únicamente
al mercado. Creo que es una utopía, una utopía peligrosa,
creer que la comunicación puede dejarse únicamente a las
fuerzas de la oferta o la demanda, o a una oferta guiada exclusivamente
por el criterio de maximizar el beneficio de los capitales invertidos.
Es una equivocación política, yo no participo de ese punto
de vista, creo que hay que encontrar un equilibrio entre lo que es la
oferta orientada por la búsqueda de la rentabilidad, y una oferta
puesta al servicio público.
De qué manera pueden deslindarse ambos criterios, o ambas razones
de ser, y de qué forma pueden coexistir, plantea sin duda problemas
que se deben estudiar porque no están bien resueltos.
Así, me parece muy positiva la idea de crear un foro permanente
de la radio donde analizar de cerca la evolución de la coexistencia,
entre una aventura empresarial, que para subsistir necesita ser rentable,
y para ser rentable necesita producir determinados productos, y una oferta
pública que no depende de la rentabilidad empresarial sino de la
utilidad pública que su contenido tiene. La radio necesita, sin
duda, un observatorio permanente, y también una revisión
de eso que se viene en llamar las reglas del juego.
Y creo que la radio lo necesita, quizá más que nunca, porque
la promesa de servicios audiovisuales interactivos que se nos hace con
una aureola de magia tecnológica, nos puede hacer olvidar la importancia
que tienen otros sistemas de comunicación más asentados
ya en los usos cotidianos, que son una realidad viva, y parte significativa
de nuestro sistema de información. No deberíamos dejarnos
deslumbrar por esta promesa de futuros tecnológicos ultramaravillosos,
porque de momento, y durante mucho tiempo, la radiodifusión sonora
tiene una importancia fundamental, y seguirá siendo fundamental.
Pensábamos que la radio iba a sucumbir frente a la hermana mayor,
frente a la televisión, y no ha sido así. No solamente no
ha sido así, sino que la radio ha sabido continuar su desarrollo,
ha sabido modernizarse, ha sabido adaptarse y encontrar un nicho importante
de actividad. Hoy tiene una audiencia estable, que según los últimos
datos del año 94 suponía más del 50 por ciento de
la población mayor de 14 años, más de 17 millones
de personas, y unos ingresos por publicidad que, siendo modestos, superan
los 36.000 millones de pesetas.
No estamos, por lo tanto, hablando de un sector en regresión y
que haya sido barrido por otros tecnológicamente más modernos;
al contrario, creo que por sus cifras de audiencia, la radio tiene y tendrá
un papel social mayor, aunque es verdad que la parte que se lleva de los
ingresos publicitarios es muy pequeña. En España, cuando
hablamos de ingresos publicitarios, estamos hablando de una cifra que
supera el medio billón de pesetas, exactamente 520.000 millones,
de esta cifra la radio administra un modesto 7 por ciento.
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Por el contrario, tiene en términos de audiencia
cuantitativa y cualitativa un gran valor. No habría que olvidar
el papel que la radio ha prestado en momentos críticos a este país.
No habría que olvidar, por ejemplo, la noche de los transistores,
la noche del 23 de febrero del 81, cuando sólo fue la radio la
que quedó como medio de comunicación y cumplió brillantemente
con su papel. En ese momento critico atípico e irrepetible la radio
estuvo al servicio de la democracia como lo está todos los días
a través de la información que crea y difunde.
Pero la radio, como todos los medios de comunicación, vive tiempos
de crisis. Tiempos de crisis que, en mi opinión, se deben al incremento
de oferta como consecuencia de un proceso de liberalización producido
por una internacionalización de los agentes y por una revolución
tecnológica que crea nuevos servicios y modifica otros; que abre
nuevas vías de financiación y satura otras; que abarata
costes, multiplica capacidades y que, en definitiva, establece un panorama
de actividad enormemente variable.
Sector dinámico liberalizado e internacionalizado, que de alguna
manera contiene lastres característicos que hoy tienen todos los
sectores con futuro. Esta situación de cambio continuo genera incertidumbre
y esta incertidumbre nos obliga a replantearnos algunas de las reglas
del juego en las que hemos vivido últimamente.
Quizás sería bueno que en un seminario sobre Radio pública,
radio privada: las reglas del juego se empezase estudiando las transformaciones
que ha vivido el marco normativo regulador en los últimos años
y de qué forma ha variado la financiación y las características
de explotación técnica de las emisoras o del contenido de
su programación.
Y aquí hemos asistido a fenómenos de adaptación importantes
como consecuencia del aumento en las emisoras: el desarrollo de la radio
fórmula, el de cadenas generalistas a partir de emisoras de cobertura
local (como fue el caso de Antena 3 Radio); fenómenos de reconfiguración
de operadores (absorción de Antena 3 Radio por Prisa) y de modificaciones
de la financiación de alguna cadena pública, como es el
caso, si no me equivoco, del fin de la doble financiación de Radio
5, que pasa a ser financiada íntegramente por los Presupuestos
Generales del Estado.
A eso hay que añadir otros fenómenos que afectan a todo
el sector de los medios de comunicación, la aparición de
la competencia intermedios, el crecimiento de la oferta y de los gastos,
por cierto a ritmos superiores a los que han evolucionado las fuentes
de financiación tradicional, la búsqueda de nuevas fuentes
de financiación como es el caso de la televisión de pago
y la entrada en el mercado español de los grupos multimedia de
carácter continental o incluso de carácter global.
Pero en el fondo, la situación de crisis es consecuencia del proceso
de liberalización de los medios de comunicación social de
la última década.
Y eso creo que hay que ponerlo en el activo de los últimos diez
años de gobierno socialista, que ha desarrollado un proceso de
apertura sin precedente en los medios de comunicación, apertura
fuertemente reclamada por todos los sectores pero que ningún gobierno
quiso o pudo emprender antes, y que se ha configurado en nuestro país
como uno de los escenarios más plurales y más competitivos
de Europa en términos de medios de comunicación.
Este proceso va a ser completado mediante la aprobación por el
Gobierno de dos nuevas normas que ordenarán actividades de radiodifusión
en los campos del cable, que va a ser también un medio de transporte
de radiodifusión sonora y de la televisión local (Anteproyectos
de Ley de Televisión Local por Ondas Terrestres y de Telecomunicaciones
por Cable, aprobados por Consejo de Ministros con fecha 23 de diciembre
de 1994). Y aquí, sin duda, tenemos un problema de falta de homogeneización
del marco normativo que tiene que ser abordado en esta nueva etapa.
Hasta ahora, la presión tecnológica ha llevado la iniciativa
en el proceso de regulación y la asistencia de medios técnicos
nuevos capaces de difundir información ha obligado a un desarrollo
normativo que canalizase la puesta en escena de estos nuevos medios tecnológicos,
y esto, sin duda, ha impedido entrar en un proceso de homogeneización
del marco normativo de una forma global y equilibrada.
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Ordenación que ahora es más necesaria
que nunca porque los nuevos medios tecnológicos compiten entre
sí por las mismas audiencias y mercados, y porque el fenómeno
multimedia (entendido como servicios y no como organizaciones) rompe con
una asociación que venía siendo tradicional entre los servicios
de difusión de señales y el concepto de medio de comunicación
social.
Y a pesar de eso no creamos que la influencia tecnológica va a
dejar de sentir sus efectos en el campo de la radiodifusión sonora.
Existen ya programas radiofónicos que se distribuyen vía
satélite junto con los programas de televisión; las redes
de cable de mañana no serán sólo para la televisión,
servirán también para la radio. La radio digital es ya una
realidad tecnológica aunque no lo sea todavía comercial,
y productos como el hilo musical compiten y competirán en el futuro
con las emisiones de radio fórmula, aunque su financiación
sea distinta.
Todo ello dibuja un escenario donde Fundesco tiene una excelente oportunidad
para contribuir a pilotar el cambio social y a abordar problemas relacionados
con la financiación, el servicio público y la garantía
de diversidad. Creo que estos son los tres ejes, la financiación,
el servicio público y la garantía de diversidad. Y si tuviésemos
que deslindar estos problemas, que será necesario abordar en el
marco de una homogeneización creciente del sistema normativo que
afecta a la radio, sin duda tendríamos que profundizar, y a ello
les invito, en los siguientes aspectos:
En primer término, redefinir el concepto de servicio público
en lo que se refiere a los contenidos de los medios de comunicación,
y ligado a ello, concretar el concepto de comunicación social que
nuestra Constitución menciona pero no define.
En segundo lugar, el papel del sector público en relación
con la prestación de estos servicios. Allí donde no está
el mercado, debe estar un agente público ¿de qué
manera?
En tercer lugar, las formas de financiación de lo que se considere
servicio público y su deslinde de las actividades que se prestan
en un entorno competitivo.
Porque ciertamente los entornos competitivos deben estar equilibrados
y la competencia no puede estar sesgada por formas de financiación
que están orientadas a conseguir otros objetivos.
En cuarto lugar, la coordinación de la regulación de una
actividad, la radio, con otras que compiten en los mismos mercados, pero
cuya regulación depende de administraciones distintas, y también,
por qué no, la separación de las funciones reguladoras de
las de operación de servicios, siguiendo el ejemplo de los servicios
de telecomunicación interactivos.
Y, finalmente, el perfeccionamiento de los sistemas de garantía
de la pluralidad de la información, del derecho a la libertad de
expresión y también del derecho a la intimidad y al honor.
Como pueden ver, se trata de un tema enormemente complicado, que afecta
a una de las principales bases de nuestro sistema democrático y
que requeriría de un alto nivel de consenso, tanto entre los niveles
políticos que deben decidir, como de los agentes económicos
afectados para poder encontrar soluciones equitativas y eficientes.
Y, por ello, he aceptado con mucho gusto su invitación para inaugurar
el seminario sobre Radio pública y radio privada. Porque creo imprescindible,
como paso previo, la apertura de un debate donde ustedes -agentes involucrados-
planteen, desde intereses a veces contrapuestos, la búsqueda de
puntos de encuentro que permitan avanzar en esta tarea y en este paso
que, ustedes como profesionales del sector, están dando acudiendo
a esta convocatoria para exponer sus distintos puntos de vista. Creo que
el diálogo debe ser el elemento básico de solución
a un problema que, en el fondo, es común a todo el sector de los
servicios de difusión y que como les decía al principio
y a lo largo de mi exposición, es un elemento básico de
un sistema democrático.
Muchas gracias por su debate, espero que nos sea útil a los que
después tenemos que decidir, desde la plasmación de las
leyes y desde las medidas de gestión cotidianas que regulan este
sector.
(*) Este artículo recoge la intervención
del Ministro de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente en
la inauguración del seminario Radio pública, radio privada:
las reglas del juego, celebrado recientemente.
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