| OPINIÓN |
Tribuna
de comunicación |
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El modelo radiofónico español:
Una tradición de buena convivencia.
Diego Carcedo |
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En España existe una tradición de buena convivencia entre
la radio pública y la radio privada. Esto no ha ocurrido en otros
países europeos, quizás porque aquí partimos de un
hecho diferencial: la radio comercial apareció en España
mucho antes que la pública, al contrario que en la mayoría
de los países de nuestro entorno, donde la radio nació como
iniciativa pública o estatal con un modelo muy centralista derivado
en muchos casos de las situaciones bélicas que atravesó
Europa en la primera mitad del siglo.
Hace unos meses hemos celebrado el 70 aniversario de la creación
de la radio en nuestro país. Tras una dilatada historia llena de
avatares y cambios,se impone ahora conservar del pasado ese espíritu
de coexistencia y buena relación entre los operadores públicos
y privados. Estos conforman una realidad radiofónica plural y una
oferta variada y diversificada, con la que cada día seguimos asistiendo
a la entrada de nuevos proyectos en el ámbito de la programación
general y especializada, siempre con una fuerte tendencia a la innovación.
La reflexión desde ambos puntos de vista, público y privado,
como dos formas diferentes de hacer radio, de llegar a una audiencia que
día tras día nos proporciona a todos nuestra razón
de ser provoca un debate que siempre es enriquecedor para el medio. Se
trata de analizar lo que cada opción aporta a la oferta general,
intercambiando ideas y experiencias y olvidando confrontaciones artificiales
o estériles, en las que por una parte sólo se busca justificar
la existencia de las emisoras públicas sin más y, por la
otra, reafirmar la posición de las emisoras privadas basándose
en la desaparición de los organismos públicos, o cuando
menos, en su desplazamiento hacia posiciones casi marginales.
El régimen de competencia en el ámbito de la comunicación
ha demostrado sobradamente que puede ser saludable para todos.
Sobre todo en la radio,donde todavía queda
mucho camino por recorrer y nuevas posibilidades por descubrir. De aquí
que, en mi opinión, la competitividad y la coexistencia de medios
públicos y privados garantiza una oferta de mejor calidad, variedad
y pluralidad, a la vez que le brinda al oyente la posibilidad de elegir
en el dial la opción que más le puede atraer o interesar.
La existencia de una radio pública fuerte con implantación
nacional favorece en muchísimos aspectos a la radio comercial y
le permite actuar con un mayor margen de disponibilidad a la hora de programar.
En los países donde la radio pública tiene poca implantación,
generalmente la radio comercial se encuentra sujeta a una serie de obligaciones
o servidumbres, como mantener franjas obligatorias para programas de servicio
público y por supuesto estar preparada para entrar en cadena en
cualquier momento si lo exige una determinada situación. Esto no
ocurre en España, donde la radio comercial puede actuar con un
margen de independencia mucho mayor, al existir una radio pública
que cumple plenamente con estas obligaciones y ofrece una disponibilidad
permanente para cualquier contingencia.
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En mi opinión, una radio pública como
RNE debe asentarse sobre una serie de premisas. En primer lugar, contar
con una cobertura total del territorio; es decir, conseguir que no haya
españoles de primera y segunda división en lo que acceso
a este medio de comunicación se refiere. En España este
es un objetivo todavía no alcanzado plenamente. Aún existen
zonas de sombra muy difíciles de cubrir, y cubrirlas es desde luego
una de nuestras principales prioridades. En este sentido hay que señalar
que, como es lógico, la radio privada establece su estrategia en
función de objetivos comerciales y tiene muy en cuenta los costos
que origina emitir en cada lugar.
En Radio Nacional, en cambio, la rentabilidad se mide en términos
de disponibilidad para llegar a todos los ciudadanos sin distinción
de ninguna clase. Para lograrlo, la cobertura ahora mismo tiene que contemplar
las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías. La radio
pública no puede quedarse rezagada en esta permanente carrera en
la evolución tecnológica y naturalmente debe estar en la
vanguardia del desarrollo y aprovechamiento de los nuevos recursos técnicos.
Valga como ejemplo la reciente implantación, todavía en
fase casi experimental, del RDS (Radio Data System) que permite nuevos
servicios como la información sobre la situación del tráfico
en las carreteras.
Pero lo más importante tal vez sea la programación. A la
hora de establecer sus programas, la radio pública ha de basarse
en el interés global de la audiencia y en la complementariedad
respecto a la oferta de la radio comercial, con atención especial
a los servicios.
En síntesis, entendemos que debe desarrollar una programación
de interés para todos los ciudadanos y, por supuesto, que cubra
de manera muy especial todos aquellos huecos que al no ofrecer rentabilidad
o interés para las radios comerciales existan en el dial. Todo
ello con especial respeto a la imparcialidad en el tratamiento de los
temas, a la neutralidad informativa y a la pluralidad de opiniones. Separar
la información de la opinión y preservar la programación
de las opiniones personales de los trabajadores de la empresa son también
objetivos que una radio pública, una radio de todos, debe perseguir.
Por último, en el aspecto empresarial hay que recordar que la RNE
actual heredó una estructura sobredimensionada y desequilibrada,
correspondiente a unos modelos radiofónicos derivados de otras
circunstancias políticas y por lo tanto ya caduco. En la actualidad
se ha emprendido el camino de la reorganización y racionalización
de nuestros recursos y en este sentido ha sido muy importante resolver
la cuestión de la financiación.
Tras la firma del contrato programa con el estado, la situación
se ha clarificado y ha permitido abandonar la publicidad como fuente de
ingresos. De esta forma se ha iniciado una nueva etapa, en la que está
más perfilada nuestra identidad como medio público. Un servicio
que pertenece a todos los ciudadanos, que ejercen de forma simultánea
como propietarios y destinatarios del mensaje radiofónico.
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