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Para
no perderse en las autopistas de la información.
José Fernández Beaumont |
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Se equivocan quienes ven tras la expresión
"autopista de la información", ciertamente elevada por
el marketing americano a categoría de mito, un mundo vacío
de contenidos. Es cierto que encierra una buena parte de deseos y expectativas
todavía sin cumplir, pero estas autopistas, instrumentos básicos
para la creación de la sociedad de la información, se están
construyendo sobre bases sólidas. Lo único que falta es
saber con certeza quiénes y de qué manera las usarán.
El paso a la sociedad de la información es una realidad que todavía
presenta algunos contornos difusos, abiertos a nuevas aportaciones, pero
sus avances son incontestables ¿Cómo se ha llegado, o mejor,
cómo se está llegando a esta nueva sociedad? Entre otras
explicaciones se pueden destacar al menos tres. En primer lugar cabe una
referencia al progresivo cumplimiento del paradigma de la globalidad.
Cada vez son más los miembros de esta sociedad
de la información que se encuentran interconectados por las mismas
redes o que tienen acceso a la misma información.
No es sólo la realidad de una experiencia del mundo vivida de forma
global la nota característica de los tiempos que corren.
El segundo paradigma es el de la interactividad. Se va superando poco
a poco la fase en la que la información se hacía en un único
sentido. Los avances de las tecnologías de la información
permiten eliminar las diferencias entre emisor y receptor o entre el centro
que crea la información y la persona que la recibe.
Todos pueden formar parte activa en el zoco de la
nueva comunicación. Ahora más que nunca los actores de la
información se encuentran a ambos lados de la trinchera y por eso
la información adquiere no sólo la categoría de elección
sino también la de intercambio.
El tercer paradigma, probablemente el más espectacular, se refiere
a la incorporación de la imagen a todo tipo de comunicaciones.
Apenas se puede entender hoy una comunicación en un solo formato
(voz, textos, gráficos...) que no incorpore las imágenes
fijas y, sobre todo las imágenes en movimiento. La imagen está
ganando a marchas forzadas el símbolo de moneda de cambio de cualquier
tipo de información. El apoyo visual es ya el centro de todos los
desarrollos de la comunicación multimedia.
El asentamiento más o menos rápido
de estos paradigmas nos llega envuelto en un marco tecnológico-industrial,
económico y político muy especial.
Desde el punto de vista de las tecnologías puede decirse que la
sociedad de la información y las redes de telecomunicaciones se
vienen construyendo desde hace algún tiempo. Pero ahora ha cobrado
un mayor impulso sobre todo por la necesidad de las grandes industrias
del sector informático y de telecomunicaciones, que prácticamente
marchan unidos, de dar salida a las redes y a los productos que circulan
por ellas.
No olvidemos que también la economía necesita de este desarrollo
en una etapa de profunda crisis (algunos economistas afirman que vivimos
la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial). Así
parece que también lo han entendido los países más
ricos de la Tierra, los que integran el grupo del G-7, que han lanzado
recientemente un programa conjunto para impulsar la sociedad de la información
como remedio a muchos males de la economía.
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Se tiene el convencimiento de que el apoyo a estos
nuevos proyectos de infraestructuras provocará seguramente un nuevo
ciclo de crecimiento económico como mínimo de parecidas
características a las que se registraron con el ferrocarril, y
las carreteras.
Una tercera dimensión de este nuevo escenario es, ¡cómo
no!, de índole político. No en vano se manifiestan crudos
juegos de intereses por parte de la Unión Europea (proyectos de
Delors, Santer y Bangemann), de Estados Unidos (Clinton, Gore y sus Infraestucturas
Globales de Información) y en el Japón, que no se queda
a la zaga en estos proyectos. Todos los países avanzados, incluido
entre ellos España, están apostando, con diferentes grados
de compromiso y eficacia, por planes de desarrollo de las infraestructuras
de la información.
Bajo la perspectiva hasta aquí descrita la sociedad de la información
se presenta como una encrucijada porque en ella se cifran una serie de
esperanzas, pero también se ciernen una serie de amenazas.
Los profetas de la esperanza en la nueva sociedad
predicen un hombre nuevo que tendrá a su alcance cantidad de posibilidades
que antes no tenía: teletrabajo, teleformación, ocio, relaciones
y, en definitiva, la posibilidad de conectarse en el momento que desee
con millones de personas sin ningún tipo de barreras ni de espacio
ni de tiempo. Se producirá -predicen los técnicos, empresarios
y sociólogos- una auténtica revolución individual
y social.
Los expertos, ¡ojo!, también analizan algunas amenazas. En
primer lugar, y volvemos a citar un tema estrictamente económico,
la sociedad de la información no va a ser financiada por los Estados
como ha sucedido con otro tipo de infraestructuras. Son los usuarios quienes
van a tener que pagar las infraestructuras a través de los servicios
que demandan. Lo malo es que muchos de estos servicios que pueden llegar
por las autopistas de la información todavía no tienen demanda
o, si existe, esa demanda es inapreciable.
En en lado de los nubarrones hay que apuntar además la cuestión
de seguridad en estas autopistas (se registran demasiados casos de piratas
electrónicos) o, por el contrario, el abuso de autoridad electrónica
que nos podría llevar a la existencia de algún gran hermano
al más puro estilo orwelliano. Sea cual sea la salida que se adopte,
todos coinciden en afirmar que el desarrollo de las autopistas ampliará
la brecha entre países pobres y países ricos, lo cual no
es ninguna buena predicción para las sociedad de la información.
¿A qué viene todo esto? Viene a propósito del libro
Autopistas inteligentes, de Julio Linares y Francisco Ortiz Chaparro,
que acaba de editar Fundesco (1). Lo dicho hasta aquí no es más
que un embrión de todo lo que subyace en esta obra eminentemente
explicativa, rigurosa, clara, extraordinariamente pedagógica y
muy documentada que, me atrevo a decirlo, debería ser de obligada
referencia para profesionales, empresas, estudiantes de cualquiera de
las ramas de la comunicación y ciudadanos en general que quieran
tener conceptos claros sobre lo que hay debajo de la expresión
de moda "autopistas de la información".
La obra está dividida en tres partes. En la primera Linares recoge
la experiencia y los resultados de más de cinco años de
estudios concretos en nuevas redes y nuevos servicios de comunicación
en los laboratorios de Telefónica I+D. Es, sin duda, una contribución
sustancial al proceso de creación de una infraestructura nacional
de información española compatible, por supuesto, con el
contexto europeo y con otros desarrollos mundiales.
En la segunda parte, elaborada por Ortiz Chaparro, se vierten una serie
de reflexiones sobre el nuevo modelo de sociedad generada por las autopistas
de la información, sobre las repercusiones en el individuo, su
forma de relacionarse con los demás y, en general, sobre determinados
aspectos positivos de las nuevas autopistas de la información.
No menos interesante resulta la tercera parte, eminentemente documental,
en la que se reproducen los textos básicos, las propuestas de diferentes
organismos europeos, nacionales e internacionales que sirven de apoyo
intelectual y de guía concreta en la construcción de esta
sociedad de la información.
(1) Julio LINARES, Francisco ORTIZ, Autopistas inteligentes.
Fundesco. Madrid, 1995.
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