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Análisis
económico de la Televisión.
P.R. |
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La reflexión teórica sobre la economía
de los medios de comunicación no se ha comenzado a realizar de
forma sistemática, con algunas escasas y notables excepciones,
hasta los años 80 y 90.
Especialmente en Europa, el predominio de un pensamiento jurídico
y político parecía vetar el análisis de un mercado
que contaminaba el arte incluso cuando sus sectores industrializados comenzaban
a dominar la cultura real. La hegemonía de este pensamiento voluntarista
y paternalista sobre la televisión ha mantenido este atraso del
pensamiento más lejos aún que en la prensa o en la radio,
en medio muchas veces del desmoronamiento de los monopolios estatales
y de la hegemonía de los principios mercantiles sobre la televisión
privada y sobre la misma televisión estatal.
Los textos que figuran en el libro que comentamos (1) suponen en ese contexto
aportaciones interesantes de síntesis sobre esa teoría económica
de la televisión que está aún por realizar. Aunque
las alusiones más globales pueden justificar parcialmente el título
de Economía de los medios de comunicación la mayor parte
de las colaboraciones presentadas en el Encuentro organizado en Milán
por el Istituto di Economia di Media de la Fundación Roselli (ver
"Instituciones", en Telos núm. 37) se refieren a la pequeña
pantalla, y han sido recopilados bajo la coordinación de Antonio
Pilati y Giuseppe Richeri, dos destacados investigadores italianos en
el campo de la economía de la comunicación masiva y de las
nuevas tecnologías de información.
El libro tiene de entrada una virtud añadida, la de ofrecer una
antología de textos clásicos, algunos de los cuales figuran
con gloria entre las bases del análisis económico en el
campo de la información y la comunicación.
Artículos como el de 1950 de R.M. Coase sobre el monopolio televisivo
aplicado a la BBC, el del conocido Fritz Machlupp sobre la producción
de conocimiento y el PNB (1962), el de Kenneth J. Arrow sobre información
y comportamiento económico o el de Hilda y William Baumol sobre
su famosa teoría de la enfermedad de los costes (sin paralelo con
los incrementos de productividad en sectores no progresivos) muestran
al mismo tiempo la especificidad y riqueza de la reflexión económica
sobre la producción y distribución de bienes simbólicos
pero también su lento y escaso desarrollo frente a un acelerado
ascenso de su trascendencia económica y social.
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1. UNA DIFICIL TEORIA ECONOMICA
DE LA TV
Los artículos originales del libro a que nos
referimos pueden aportar al menos bases para esa teoría necesaria.
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La ponencia de Pierre Kopp, por ejemplo, sintetiza
las líneas desarrolladas en su libro (Economie de la Télévision)
desde una perspectiva de economía neoclásica: la televisión
sería un típico bien público (costes de producción
independientes del número de consumidores), en donde la aplicación
de la publicidad no dejaría de ser una aberración en términos
de mercado al no exigir un pago proporcional a la cantidad de producto
consumido.
De esta naturaleza y esta estructura de costes se deducen consecuencias
particulares sobre la competencia y el proteccionismo.
El texto del profesor británico Nicholas Garhnam dedica su atención
especialmente a la TV pública y su futuro, en una perspectiva de
economía política no exenta de cierto pesimismo sobre la
expansión profetizada de la demanda y del gasto doméstico
sobre los bienes simbólicos y los nuevos servicios de información.
La falta de mecanismos de compra directa y las características
de la economía televisiva (bajos costes marginales de distribución,
bien público, incertidumbre de la demanda, fuertes economías
de escala...) impulsarían permanentemente, en opinión del
director del CIS de Londres, el monopolio en la televisión comercial
con publicidad, pero también en la TV por abono, haciéndose
por tanto imprescindible en ambas una intervención reguladora permanente
del Estado.
El artículo del investigador francés Pierre Musso busca
una visión global sobre las diferentes fases de la televisión
en Europa: la televisión como bien público, como producto
comercial o como servicio distribuido.
Esta última, impulsada por los desarrollos tecnológicos,
las nuevas fuentes de financiación y la reconfiguración
de la oferta, caracterizarían a la televisión como hipermercado,
como espacio de distribución y comunicación cercano a la
economía de las telecomunicaciones. Musso apuesta así, en
una línea común a otros investigadores franceses, por una
"economía de red" en la que se insertaría una
economía de prototipos característica del audiovisual y
cuya clave estaría en manos simultáneamente de los productores
y los distribuidores. No quedan claros sin embargo los límites
temporales de esa fase ni su convivencia obligada con las otras etapas
televisivas quizás durante un largo período de tiempo.
El artículo de Luiggi Matucci es, finalmente, un análisis
mucho menos teórico y más apegado a la gestión directa
de la empresa de broadcasting: la producción, los costes e ingresos,
las estrategias...La perspectiva empresarial adquiere mayor significación
indirecta al tratarse de un director de la televisión pública
(la RAI en Lombardía) que intenta enfrentarse a la gestión
de una empresa particular con objetivos difícilmente conciliables
con esta perspectiva económica.
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2. MAS DIFICIL: UNA ECONOMIA
DE LA COMUNICACIÓN
Si en los textos antes reseñados queda muchas
veces al lector la duda sobre las dificultades de mantener las distancias
de una visión determinista de la televisión, estas incertidumbres
se incrementan cuando se trata de insertar la economía de la televisión
en el marco mucho más amplio de un análisis teórico
de la comunicación.
El determinismo tecnológico parece ciertamente haberse conjurado,
aunque su larga y nefasta tradición en este campo campee aún
en muchos best sellers celebrados, pero tras el rechazo a la innovación
tecnológica de las escuelas críticas como motor fundamental
del cambio en la comunicación social parece aletear en no pocas
ocasiones un determinismo económico más sutil que no por
ello deja de plantear la inevitabilidad de grandes revoluciones comunicacionales
por el solo impulso de la oferta.
Los retrasos y desacompasamientos de la demanda, la inercia de los hábitos
de consumo, los grandes fracasos de brillantes inventos o servicios informativos,
las incertidumbres actuales mismas quedan así anuladas por el brillo
de las potencialidades de mercado de las nuevas redes y servicios de comunicación
tras las cuales estaría la conjunción invento+empresa.
Los dos artículos de este libro que contemplan esta perspectiva
global vienen a recordar, aunque desde orientaciones muy diferentes, esos
riesgos y dificultades, incluso con una callada polémica entre
ellos.
La ponencia de Pilati-Richeri ya avanzada en Telos por cesión del
Istituto di Economia dei Media (ver Telos núm. 35) se dedica a
estudiar el mercado de los media en los años 90, década
en la que según los autores se asistiría a cambios notables
respecto a los años 80: la tecnología cumpliría ahora
un papel esencial junto a las transformaciones de la organización.
Los 90 conocerían además un corte más radical, con
un cambio rápido en la configuración de los sectores de
comunicación y en sus dimensiones, en la distribución y
definición de sus mercados, y en la forma de remuneración
de sus productos y servicios. La capacidad financiera de inversión
y la implicación de actores conexos como las telecomunicaciones,
la informática o la electrónica de consumo en los nuevos
mercados abiertos por la convergencia darían la medida del ritmo
de esas transformaciones.
El texto, finalmente, del profesor español Ramón Zallo es
posiblemente el de mayor empeño en esa construcción global
de la teoría económica de la comunicación y el más
sistemático en el repaso a las diferentes bases y consecuencias
de cada visión económica en este campo.
Aun tratándose evidentemente de un texto de síntesis, analiza
las fuertes limitaciones de la teoría económica convencional
para explicar el funcionamiento de la televisión y plantea la necesidad
de introducir junto al mercado otras consideraciones macroeconómicas
e incluso políticas e institucionales para poder entender las industrias
culturales.
Sus críticas a conceptos tan habituales y repetidos como el de
"hipersector de la información" (una aproximación
tecnológica inútil para segmentar y clasificar esas actividades
económicas), a la integración de la comunicación
social en un difuso campo de la información o su consideración
como mero apéndice de la información empresarial sirven
de base para una propuesta concreta: la delimitación y clasificación
de la cultura y la comunicación desde la naturaleza de los procesos
de trabajo y valorización. La consideración del papel del
Estado y del espacio público en esa perspectiva enriquece el análisis
económico con un contexto social más amplio sin el que difícilmente
podrían entenderse las transformaciones en curso.
Aun con esta diversidad de ópticas y contenidos y con la lógica
falta de desarrollo sistemático en una obra producto de un Encuentro,
los textos contenidos en el volumen de la Fundación Roselli tienen
un gran valor de introducción y de fundamento para una materia
que exige imperiosamente un notable esfuerzo de investigación y
que carece, todavía en España, de un mínimo número
de investigadores capaces de llevarlo a cabo.
(1) Antonio PILATI y Giuseppe RICHERI (Eds.),
L'Economia dei media. Questioni teoriche. Istituto di Economia dei Media.
Fundazione Roselli. Milán. 1994.
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