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La competencia televisiva en portugal.
Un nuevo paisaje audiovisual.
Francisco Rui Cádima |
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Los primeros tiempos de competencia en la
televisión portuguesa parecen mantener el estado de gracia en las
inversiones publicitarias. Pero los cambios y desequilibrios del sistema
son ya notables.
Los cuatro canales generales de televisión existentes en Portugal
(dos públicos, Canal 1 y TV2; y dos privados, SIC y TVI/Quatro)
pasan por una fase que se podría caracterizar, en términos
globales, como un estado de gracia, pese a que el sector audiovisual europeo
vive tiempos de crisis...
Aunque existan estimaciones pesimistas en cuanto a la capacidad del pequeño
mercado publicitario nacional para poder mantener cuatro canales generales
de televisión (1), lo cierto es que, hasta ahora, ninguno de los
operadores autorizados se ha quejado de su suerte. Y se habla ya de canales
regionales privados en el norte del país y de televisión
por cable en Lisboa y Oporto. Señal de que el paisaje audiovisual
portugués se encuentra en mejores condiciones de lo que cabía
imaginar...
Repasemos rápidamente los hechos. El 6 de octubre de 1992 y el
20 de febrero de 1993, respectivamente, comenzaban en Portugal las emisiones
regulares de los dos canales privados de televisión portugueses
-la SIC (Sociedade Independente de Comunicaç¦o), proyecto
liderado por el ex primer ministro Francisco Pinto Balsem¦o (2),
y la TVI/Quatro (Televis¦o Independente), dirigida por el ex ministro
de Educación, Roberto Carneiro y con participación mayoritaria
de la Iglesia Católica portuguesa (3).
Con la puesta en marcha de los dos canales privados terminaba un largo
ciclo de predominio del monopolio del Estado, asegurado desde 1957 por
la Radio y Televisión Portuguesa (RTP).
En efecto, en aquel año, el día 7 de marzo, daban inicio
en Portugal las emisiones regulares de televisión a través
de la RTP, designada concesionaria del servicio público de televisión,
entonces una sociedad anónima dirigida por un administrador nombrado
por el Gobierno. El Estado portugués, en aquel entonces, controlaba
sólo un tercio del capital de la empresa, siendo las otras dos
terceras partes propiedad de empresas particulares de radiodifusión
e incluso de accionistas privados.
Primero con Salazar y más tarde con Marcelo Caetano, la RTP fue
siempre, en particular a través de sus boletines informativos regulares,
el principal portavoz de la política totalitaria de los dos dictadores
del Estado Novo. En esa medida, en cuanto modelo protocolario e instrumento
de propaganda, la RTP fue, necesariamente, junto con el sistema represivo
policial y el sistema de censura, uno de los eslabones fundamentales del
sistema monopartidista en el campo de la comunicación, también
históricamente responsable del mantenimiento de un régimen
político esclerotizado, cuyo fin se anuncia el 25 de abril de 1974,
tras 48 años de dictadura.
Habiendo iniciado sus emisiones a escala nacional a mediados de los años
60, no sería hasta finales de 1968 (25 de diciembre) cuando la
RTP vería nacer su segundo canal, RTP-2. Fechas importantes en
este largo periplo histórico son las relativas al inicio de las
emisiones regulares del Centro Regional de la RTP-Madeira, el 6 de agosto
de 1972, y de la RTP-Azores, el 10 de agosto de 1975.
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Después de la Revolución de los
claveles, el 25 de abril, se produce la nacionalización de la RTP
y su transformación en empresa pública (RTP/EP). Fechas
importantes en estos casi dos decenios de II República son el lanzamiento
de programas de televisión en color, el 7 de marzo de 1980, y la
puesta en marcha de la RTP Internacional el 10 de junio de 1992. El 6
de octubre de 1992, como ya hemos dicho, comienza a emitir el primer operador
privado de televisión, la SIC.
Es también importante la firma, en marzo de 1993, del contrato
de concesión del servicio público de televisión,
entre la RTP y el Gobierno del primer ministro Cavaco Silva. En dicho
documento, la RTP queda obligada a cumplir las atribuciones específicas
del servicio público de televisión, por otra parte ya previstas
en la Ley de Televisión, con fecha de septiembre de 1990, particularmente
en lo relativo al pago de indemnizaciones compensatorias procedentes de
los Presupuestos del Estado portugués, y atribuidas a la RTP por
su actividad específica como concesionario del servicio público
de televisión.
Entre dichas competencias, el Gobierno incluía los costes de la
difusión por satélite de la programación del Canal
1 y de la TV2 para las regiones autónomas de las Azores y de Madeira;
los costes de explotación de los respectivos centros regionales;
los costes de la RTP Internacional; la cooperación con los palop
(países africanos de lengua oficial portuguesa); el mantenimiento
y conservación de los archivos audiovisuales; y, por último,
gastos tales como los tiempos de emisión concecidos a los partidos
políticos. En su conjunto, para 1993, se concedieron a la RTP cerca
de 7.500 millones de escudos, a título de indemnización
compensatoria.

Hay que señalar que, en la actualidad, desaparecido
el impuesto televisivo por el gobierno de Cavaco Silva en 1991, impuesto
que durante muchos años fue la principal fuente de ingresos de
la RTP, la televisión pública portuguesa depende casi exclusivamente
de sus ingresos por publicidad (ver cuadro 1) y, naturalmente, de los
apoyos estatales.
1. ESTRATEGIAS PÚBLICAS Y PRIVADAS
Los operadores privados de televisión
-SIC y TVI- tomaban mientras tanto una posición clara frente a
estos apoyos a la televisión pública. Francisco Pinto Balsem¦o,
líder del proyecto SIC, en una conferencia pública celebrada
en Lisboa, en junio pasado, criticaba el poder excesivo del Estado en
la sociedad portuguesa, poniendo como ejemplo, justamente, los apoyos
a la televisión pública (4): "¿Cómo es
posible que la RTP reciba este año un dinero equivalente al capital
social de la SIC?", se preguntaba F. P. Balsem¦o. Por su parte,
la TVI acusó al Gobierno de agravar la competencia desleal que
la cadena pública realizaba habitualmente, y amenazó con
presentar una queja en Bruselas.
Otros sectores, entre tanto, reconocían que el contrato de concesión
del servicio público no respetaba uno de los vectores esenciales
de un servicio público de televisión, su programación,
por lo que no ofrecía una verdadera alternativa a la oferta de
los operadores privados, sino que más bien adoptaba estrategias
de programación totalmente idénticas.
El ex coordinador del SNA (Secretariado Nacional para el Audiovisual),
António-Pedro Vasconcelos, presentó entonces su dimisión,
con ocasión de la aprobación en Consejo de Ministros, en
febrero de 1993, de la Ley Base del Sector Audiovisual. Uno de sus objetivos
estratégicos al frente del SNA era precisamente luchar por la aprobación
gubernamental de una bolsa financiera de mil millones de escudos para
apoyo a la producción de programas televisivos de ficción.
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De hecho, las distribuciones y competencias
de la televisión pública en relación con el apoyo
y la promoción, en Portugal, de la producción de programas
televisivos de ficción, cine y demás formas de expresión
y producción audiovisual, estaban ya contempladas en la Ley 21/92,
pero en realidad siguen, aún hoy, sin haberse concretado en formas
reales de apoyo, como por ejemplo disposiciones detalladas sobre financiación
y cuotas de programación específicas y reales para la producción
independiente.
Se podría decir, en general, que el sistema audiovisual portugués
alimenta una lógica algo ambigua, que por otra parte es común
a los Estados miembros en general, que consiste en el mantenimiento de
un sector público de radio y televisión demasiado pesado,
con una situación económica, en la mayoría de los
casos, muy deficitaria.
Y como se ha podido verificar en cierto modo en toda Europa, por razones
estratégicas, que tienen que ver especialmente con estrategias
comerciales y con la conquista de las audiencias, las televisiones públicas
europeas introducen en sus programaciones una oferta cada vez más
competitiva, cumpliendo sólo con las atribuciones y competencias
de un servicio público mínimo, mediante módulos,
segmentos y programas marginales en las programaciones clásicas,
como sucede, en el caso portugués, con la obligatoriedad de garantizar
los derechos de antena de los partidos políticos y la cesión
de tiempo a las confesiones religiosas.
Nada, absolutamente nada, en lo referente a incentivos para la producción
de programas de ficción. Poco o muy poco en lo referente a la programación
cultural, a la defensa de las minorías, de la lengua, de la producción
nacional, etc.
Apenas los mínimos previstos en la directiva
comunitaria Televisión sin fronteras.
De ahí que la transparencia de la financiación
y la moralización del servicio público de televisión
europeo sea hoy una de las cuestiones decisivas en la lucha por la mejora
de la calidad de la oferta televisiva en general.
Aunque, por otras razones, esa es también la lucha de la ACT, la
Asociación europea de televisiones privadas, que viene insistiendo
en las críticas a lo que consideran una competencia desleal, la
doble y a veces triple financiación (impuestos + publicidad + subvenciones
estatales) de las empresas públicas de televisión, sus competidoras
directas. Este mismo fenómeno se está produciendo también
en Portugal. Tanto la SIC como la TVI han presentado ya quejas en este
sentido, tanto ante la Comunidad Europea como a nivel nacional, en la
Dirección General de la Competencia y Precios, y en el Tribunal
Supremo Administrativo (5).
Desde un punto de vista sociológico, puede decirse que, en Portugal,
el efecto desregulador y la liberalización de la ley de televisión,
al permitir la aparición de operadores privados de televisión
en condiciones competitivas desfavorables, contribuye a convertir la apertura
del sistema audiovisual en un nuevo discurso de legitimación, manteniendo
el statu quo, con la convicción, ciertamente, de que el vínculo
social pasa por el viejo modelo pedagógico de la televisión
pública, creador de los grandes consensos sociales (6).
En realidad, sucede todo lo contrario.
Como diría Pierre Bourdieu, todo el mundo se ha dado cuenta ya
de que "hay demasiados problemas verdaderos como para dejar a los
políticos la tarea de inventar los falsos problemas necesarios
para su perpetuación" (7).
De ahí la preocupación del mundo político por hacer
pasar la información a través del indiferentismo activo,
mimando los juegos principescos, la actualidad trágica, la catástrofe,
los sucesos, los acontecimientos deportivos, etc. Observemos, por ejemplo,que
es el llamado Estado naranja, identificado con los gobiernos de mayoría
absoluta del primer ministro Cavaco Silva (Partido Social Demócrata),
el gran beneficiario de la información televisiva diaria del Canal
1 de la RTP (ver cuadro 2).
En el conjunto de los bloques de información diarios, en los años
1990 y 1991, Gobierno y PSD monopolizaron la información televisiva,
con un 55,1 por ciento y un 45,3 por ciento del tiempo total concedido
a los principales órganos de poder (incluido el Presidente de la
República y la Asamblea de la República) y a los partidos
políticos en la RTP/Canal 1.


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A este respecto, se ha producido incluso un contencioso
entre el Presidente de la República, Mario Soares, y el Gobierno
de Cavaco Silva.
El 5 de octubre de 1991, al comienzo de su segundo mandato, Mario Soares
envió un mensaje a la Asamblea de la República en el que
criticaba lo que consideraba falta de imparcialidad y de rigor por parte
de órganos de comunicación social estatales. En dicho mensaje
se afirmaba: "Es necesaria, en mi opinión, una nueva formulación
de los Estatutos de la RTP, con el fin de dotar a la empresa con un patrón
de gestión próximo a los modelos de representatividad social
existentes en los demás países de la Comunidad Europea,
los cuales, en general, aseguran mejor que en el caso portugués
el pluralismo y la independencia de la información".
"Asimismo -proseguía el mensaje del Presidente de la República,
haciendo referencia ahora a la televisión regional-, y con idénticas
preocupaciones, debería procederse a un nuevo estudio de los Estatutos
de los centros de la RTP y de la RDP en las Regiones Autónomas
de Madeira y Azores. En realidad, de acuerdo con los estatutos de estos
centros regionales, los respectivos directores sólo pueden ser
designados por sus empresas con el voto favorable de los gobiernos regionales,
creando una dependencia entre dichos centros y los gobiernos de las regiones,
a todos los efectos perjudicial para la independencia que la RTP y la
RDP deben poseer por igual en todo el territorio nacional".
La cosa se agrava todavía más cuando, ante la invocación
del derecho del ciudadano a los canales públicos, se responde con
la irracionalidad del mercado y con estrategias de programación
ultracomerciales.
Es cierto que habrá atribuciones específicas que confieren
el derecho a indemnizaciones compensatorias para la televisión
pública, pero, por ejemplo, la TVI defiende, en un documento entregado
al Gobierno portugués, que "la RTP sólo puede ser objeto
de tratamiento especial y diferenciado por parte del Estado" en los
casos en que dicha atribución "no competa igualmente por ley
a los operadores privados, en materia en la que dichos operadores privados
no tengan al respecto igual interés, legítimo y directo
(...) y en términos que,aunque sea indirectamente, no sirvan para
distorsionar las condiciones del mercado y la igualdad de competencia".
Por otra parte, en el plano interno, y para una optimación del
paisaje audiovisual portugués, aún están pendientes
de aplicarse algunas medidas que, aun sin ser suficientes, podrían
contribuir a una nueva dinámica en el sector audiovisual portugués.
Me refiero a algunas de las medidas propuestas por el ex coordinador del
Secretariado Nacional para el Sector Audiovisual, António-Pedro
Vasconcelos, en particular los incentivos a la producción de programas
de ficción a través de modalidades de desgravación
fiscal de la actividad (como los llamados refugios fiscales), la creación
de sociedades de capital de riesgo y de sociedades para la financiación
de la producción.
También sería crucial, obviamente, la propuesta de creación
de una bolsa financiera para la producción nacional de calidad,
e incluso la aplicación de la tasa del 4 por ciento sobre los ingresos
de publicidad de los operadores de televisión. En lo relativo al
apoyo a la producción independiente, no obstante, la Ley de la
televisión se quedó corta, toda vez que se ciñó
al mínimo previsto en la Directiva comunitaria para la emisión
(y no producción) de programas de productores independientes: apenas
un 10 por ciento.
En efecto, en lo que se refiere a la estrategia de programación
del servicio público portugués, lo que se ha puesto de manifiesto
es, realmente, una apuesta deliberada por la compra de programas de ficción
extranjeros, donde imperan los enlatados norteamericanos o brasileños,
estos últimos constituidos en su abrumadora mayoría por
telenovelas (ver cuadros 3 y 4). En 1991, por ejemplo, apenas un 5,6 por
ciento de los programas de ficción emitidos por el Canal 1 eran
de origen portugués.
En lo que se refiere al modelo audiovisual, es sabido que el mercado de
publicidad de Portugal es, según diversas estimaciones, insuficiente
para tres canales generales. Sólo un gran equilibrio en el mercado
y una gran contención de gastos (junto a una redefinición
del propio sector público) impedirá lo peor, es decir, la
aparición de una Cinq portuguesa.
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2. INVERSIONES GLOBALES EN TELEVISIÓN
En la actualidad, en este primer año y medio
de televisión privada en Portugal, la crisis parece no haber afectado
excesivamente al mercado portugués. Se habla, en efecto, de recesión,
pero los resultados del mercado no fueron negativos, incluso pese a las
políticas de abaratamiento (dumping) aplicadas en las tarifas de
publicidad.
No obstante, los datos varían bastante según qué
empresa realice los estudios. En conjunto, según los datos de Sabatina,
la inversión publicitaria global en televisión aumentó,
en 1993, en un 23 por ciento (los datos confirmados de la inversión
en televisión en 1992 daban un crecimiento del 26,5 por ciento
en relación con 1991).

Según Sabatina, el sector de la publicidad movió cerca de
100.000 millones de escudos en 1993, pero la televisión fue el
único medio que obtuvo resultados positivos. En el conjunto de
los medios, la publicidad aumentó en un 7,8 por ciento, pero las
inversiones en radio (-11 por ciento), prensa (-4 por ciento) y publicidad
exterior (-2 por ciento) sufrieron una fuerte pérdida.
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Estos datos, sin embargo, no son totalmente fiables,
debido a los efectos del dumping (no controlado por las empresas de estudios),
los patrocinios, los contratos directos, etc. Los analistas del sector
consideran que los datos revelados por Sabatina deben estar inflados aproximadamente
en un 20 por ciento. El valor del mercado publicitario portugués
en 1993, por tanto, debe aproximarse a los 70.000 u 80.000 millones de
escudos.
Por ejemplo, el Grupo IP ha estimado en cerca de 70.800 millones de escudos
el total del mercado de la publicidad en Portugal, en el transcurso del
pasado año, y adelanta un valor para el crecimiento de la inversión
publicitaria en televisión: 1 por ciento. Este valor se habría
obtenido a partir de los datos de Sabatina, pero con una ponderación
final de los descuentos y primas concedidas por los canales de televisión
(ver cuadro 5). Los datos más fiables hasta ahora conocidos sobre
el mercado portugués (los del Grupo IP) apuntan, por tanto, a una
disminución de las inversiones en prensa, en un -8,3 por ciento.
La publicidad exterior (-1,1 por ciento) y la radio (-4,1 por ciento)
completarían el cuadro global de la publicidad (-2,6 por ciento
en conjunto, frente a 1992). De acuerdo con datos de otra empresa (Marktest,
en valores brutos), en los primeros cuatro meses de 1993 la SIC obtuvo
un volumen de ingresos que casi duplicó los ingresos de la TVI.
En el mes de marzo de 1993, cuando ambos canales privados compitieron
por primera vez de forma directa, la TVI obtuvo 483 millones de escudos
en publicidad y la SIC 545 millones de escudos. Pero en el mes de abril
la TVI bajó a 155 millones y la SIC subió a 675 millones
de escudos, lo que era consecuencia de las bajas audiencias obtenidas
por la TVI.
Existen también proyecciones internacionales, aparentemente pesimistas,
pero que admitían como valor normal para 1993, en Portugal, un
20,7 por ciento anual, sólo en televisión y en precios corrientes
(una vez aplicada la inflación). Es el caso del Media Forecast
de Carat, que incluso prevé para este año 1994 un crecimiento
del 16 por ciento en la publicidad de televisión en Portugal. Según
estas mismas estimaciones, en 1994 la prensa (diarios y revistas) sigue
creciendo por debajo de la televisión (10,2 por ciento frente a
16 por ciento) y el volumen de la publicidad será también
inferior (51.000 millones de escudos frente a 59.000 millones).
No obstante, las cosas han cambiado entre la televisión y la prensa.
Hay que tener en cuenta que, en los primeros cuatro meses de 1992, entre
ambos sectores (valores brutos, según Marktest), la prensa ocupaba
un 51 por ciento del pastel común, con 11.300 millones de escudos,
mientras que la televisión invertía 10.900 millones de escudos
(ver cuadro 6). Pero, ya en 1993, la inversión en televisión
aumentó a un 56,1 por ciento frente al 43,6 por ciento de la prensa
(15.800 millones de escudos frente a 12.400 millones).

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Hay que advertir, no obstante, que se trata de datos
brutos que no contabilizan los pequeños anuncios clasificados.
Es curioso que sea precisamente en el mes de marzo de 1993, primer mes
con cuatro canales, cuando mayor es la diferencia entre televisión
y prensa: un 58,8 por ciento frente a un 41,2 por ciento, respectivamente.
En abril de 1993, la diferencia se redujo: 53,3 por ciento frente a 43,9
por ciento.
Por sectores de actividad, el principal anunciante en los primeros cuatro
meses de 1993 fue la industria de la alimentación (3.800 millones
de escudos, un 24 por ciento del total invertido en televisión),
seguida por los productos de higiene personal (2.500 millones de escudos),
la industria automovilística (1.800 millones), productos de limpieza
para el hogar (1.700 millones) y bebidas (1.100 millones). Por empresas,
y sólo en el periodo enero-abril de 1993, los cinco mayores anunciantes
de la televisión fueron Lever Portuguesa (1.300 millones de escudos),
Nestlé (626 millones de escudos), Procter & Gamble (476 millones
de escudos) Sincoral (cosméticos, 440 millones de escudos) y Sonadel
(detergentes, 333 millones de escudos). Es evidente que el Estado-providencia
ya no es el Estado-anunciante.
En cuanto a la prensa, son ya otros los anunciantes que encabezan la clasificación
por inversiones: aquí, entre los cinco primeros figuran cuatro
fabricantes de automóviles, estando los tres primeros (Renault,
Fiat y Ford) muy próximos, con inversiones en torno a los 250 millones
de escudos cada una en publicidad (siempre para los cuatro primeros meses
del año). En este caso, la curiosidad corresponde a la promoción
de los propios canales de televisión. La TVI figura en el séptimo
lugar entre los anunciantes en prensa (144 millones de escudos) y la SIC
ocupa el undécimo puesto con 96 millones de escudos invertidos.
Destacan también las inversiones de la emisora de radio TSF (décimosexta
posición, 66 millones de escudos) y de Radio Nostalgia (vigésimo
lugar, 61 millones de escudos).
Junto con la multiplicidad de la oferta televisiva, aumentan también
los espacios de inserción de publicidad en televisión: el
lado izquierdo de la pantalla en la señal horaria, el rodapié
en los partidos de fútbol, los rótulos transparentes, etc.
Toda esta publicidad, fuera de los bloques normales, representa ya, hoy
en día (enero-abril de 1993), cerca del 9,1 por ciento (1.400 millones
de escudos) del total invertido en televisión, mostrando su preferencia
los anunciantes por los rótulos transparentes (967 millones de
escudos).
Finalmente, hay que referirse a las agencias de publicidad y a las centrales
de compra de espacio. No se registran grandes alteraciones entre 1992
y 1993. McCann Erickson ocupa la primera posición entre las agencias
(1.600 millones de escudos, entre enero y abril de 1993, un 27 por ciento
más que en 1992) y la JET ocupa la primera posición entre
las centrales de compra (3.200 millones de escudos en 1993, un 15 por
ciento más que en 1992).
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3. AUDIENCIAS: LAS PRIVADAS GANAN TERRENO
Las grandes tendencias registradas a comienzos de
1992 dan cuenta del continuo, aunque lento, descenso de audiencia del
Canal 1: en la cuota de audiencia (share, reparto del tiempo total que
cada telespectador dedica a ver televisión), hay una pérdida
de este canal en todos los periodos del día. Por ejemplo, en el
periodo nocturno (20 horas - 22,30 horas) dicho descenso fue de 75,2 a
69,3, y en el periodo de madrugada (22,30 horas - 24 horas) fue de 69,4
a 62,9 (ver cuadro 7).
En estos mismos periodos, todos los demás
canales aumentaron su cuota de audiencia. La TV2, por la noche, pasa de
16,3 en enero a 17,1 en mayo. La SIC pasa de 8,4 a comienzos de año
a 10,6 en ese último mes. En cuanto a TVI, la progresión
es sólo de 0,7 en sus primeras emisiones, y de 2,1 a partir del
comienzo de las emisiones regulares (el 20 de febrero) hasta los 3 puntos
actuales.
Estas mismas tendencias se producirán en la
penetración (contacto que cada individuo establece con el canal,
cada 30 seg.), que, por ejemplo, para el Canal 1, en la última
semana de mayo, bajó de 3,3 a 3,1 millones de individuos.
En penetración, la SIC tuvo también
una ligera pérdida al término del primer semestre de 1993,
y tanto TV2 como TVI/Quatro experimentaron un claro crecimiento. En cuanto
a la cuota de audiencia, se constata cierta irregularidad tanto en la
SIC como en la TVI, la primera con oscilaciones entre los 16,2 y los 23,6,
y la segunda con una variación entre los 6,2 y los 8,9. A este
respecto, el Canal 1 sigue descendiendo también, de 60,0 a 54,9,
y la TV2 de 29,9 a 6,6.
En cuanto al tiempo (periodo que cada telespectador
dedica a ver televisión, como media), la preferencia sigue siendo
favorable al Canal 1, pero en el cómputo global dicho tiempo se
distribuye ya en un mayor porcentaje entre los restantes canales.
En un breve balance de final de temporada se comprueba que, a lo largo
de junio de 1993, mes en que tanto la televisión pública
como la privada anunciaron el inicio de la programación de verano,
con los inevitables cambios de programación y la terminación
de buena parte de la producción nacional, las preferencias de los
telespectadores no se modificaron sustancialmente, en comparación
con los datos conocidos desde octubre del año anterior: telenovelas,
información y comedias de situaciones por episodios (sitcom), seguían
siendo los programas preferidos de los portugueses.
Por lo que respecta a la competencia entre
canales, es importante señalar dos cosas: en la cuota de audiencia
del periodo 20 horas-24 horas, por primera vez la SIC superó a
TV2 con 12,6 contra 12,0 en el periodo 20 horas-22,30 horas y con 17,1
contra 16,1 en el periodo 22,30 horas-24 horas; por otra parte, la TVI
registra una fuerte subida de mayo a junio en la cuota de audiencia del
periodo 22,30 horas-24 horas (pasa de 4,6 a 9,4, según los datos
de audiencias de AGB Portugal).
También según datos de AGB, y
refiriéndose al periodo que transcurre entre la aparición
de la TVI (20 de febrero de 1993) hasta febrero de 1994, se asiste a la
confirmación del continuo aumento de las audiencias de los canales
privados frente a la televisión pública. Así, en
enero y febrero de 1994, la cuota de audiencia obtenida por la SIC y la
TVI, en conjunto, es ya superior al 35 por ciento (ver cuadro 8). Las
estimaciones sobre el mercado apuntan a un crecimiento de cerca del 10-15
por ciento para este año de 1994, lo que quiere decir que llegaremos
al final de 1994 con unas cuotas de la televisión pública
y de la televisión privada próximas al 50 por ciento.
4. LAS PRIVADAS, EL VIDEO Y EL SATELITE
Con la aparición de los dos canales privados
de televisión, tanto el alquiler de películas en los videoclubes
como la venta de antenas parabólicas decrecieron, de forma general,
en el mercado portugués. La SIC y la TVI no son, no obstante, las
causas últimas del decrecimiento de dichos mercados. Antes de que
la SIC iniciara sus emisiones, el 6 de octubre, ya la recesión
se había encargado de afectar tanto al vídeo de alquiler
como a la venta de antenas por satélite.
Globalmente, las estimaciones señalan pérdidas
que van, en el primer caso, del 10 al 50 por ciento, y en el segundo caso,
del 10 al 20 por ciento.
El fenómeno no es, por otra parte, exclusivo
del mercado portugués. Por ejemplo, cuando hace unos tres años
los canales privados españoles (Tele 5 y Antena 3 TV) iniciaron
sus emisiones regulares, también allí se produjo una reducción
brutal en la demanda del vídeo de alquiler -cerca del 50 por ciento-,
lo que determinó en buena parte la quiebra de cerca del 25 por
ciento de los videoclubes existentes.
Aun siendo el sexto mercado mundial de vídeo,
el mercado español no consiguió recuperarse de la aparición
de las cadenas privadas -nacionales y autonómicas- e incluso del
Canal Plus, una red sólo para abonados. En el cómputo global,
dos años después del lanzamiento de las redes privadas españolas,
el volumen de negocios del vídeo había bajado a la mitad,
y de los inicialmente 11.000 videoclubes existentes sólo subsistían
cinco mil.
En el caso francés, que vivió el boom
de las televisiones privadas a mediados de los años 80, la situación
actual es de equilibrio, y las previsiones para 1995 son bastante optimistas
en el mercado del vídeo. La evolución prevista en el vídeo
de alquiler para el periodo de 1990 a 1995, es según la BIPE (Bureau
d'Etudes et de Prévisions Economiques), del 68,7 por ciento, y
en el mercado de venta directa del 178,2 por ciento.
En Portugal, los responsables de la asociación de editores de vídeo
(FEVIP) consideran que la actual crisis no es preocupante desde el punto
de vista del futuro del mercado, y básicamente se trata de redefinir
políticas empresariales, con la eventual quiebra de algunas empresas
editoras. Las cifras disponibles sobre el mercado portugués no
son alarmantes. Se ha producido un descenso generalizado en el alquiler
de cintas de vídeo -del 30 al 40 por ciento-, pero en la venta
directa se ha registrado ya un crecimiento de cerca del 90 por ciento
entre 1991 y 1992, manteniéndose esa tendencia incluso con la aparición
de la SIC y de la TVI. En general, el mercado de las editoras de vídeo
podrá llegar a una estabilización (con valores idénticos
a los de 1992) a finales del año 1993, si bien se estima que la
cuota-parte de responsabilidad de las redes privadas en esta crisis es
del orden del 30 al 40 por ciento, imputándose a la coyuntura económica
recesiva la parte restante.
A excepción de los grandes videoclubes, la situación es,
en general, preocupante. En lo que se refiere a los pequeños videoclubes,
de hecho, la tendencia de quiebra llega a alcanzar el 50 por ciento, y
las estimaciones apuntan a la bancarrota, a corto/medio plazo, de un 35
a un 40 por ciento de los comercios de alquiler.
También en las antenas parabólicas
(individuales y colectivas), o mejor dicho, en el mercado de recepción
por satélite, se registra una situación en cierto modo preocupante,
de acuerdo con los grandes distribuidores de antenas. De hecho, y contrariamente
a lo previsto en algunas estimaciones dignas del mayor crédito
(ver cuadro 9) se ha producido un claro impacto negativo de las televisiones
privadas en el llamado quinto canal, el correspondiente a la recepción
por satélite. Con el inicio de las emisiones de la SIC se produjo
un aflojamiento de las ventas, entre un 10 y un 20 por ciento, lo que,
por otra parte, ya se había puesto de manifiesto con el inicio
de la recesión económica. Pero incluso con el espectro de
la crisis presente, los analistas del sector juzgan que este quinto canal
del vídeo y del satélite no deberá verse más
afectado mucho más de lo que ya sufrió con el surgimiento
de las televisiones privadas.
Todo se modificará algo más si, a partir de octubre de 1994,
comienza a introducirse la televisión por cable en Portugal. En
efecto, acaba de hacer su aparición en el mercado una empresa -TV
Cabo Portugal-, con participación mayoritaria de Telecom Portugal,
que ha anunciado para el último trimestre de este año la
comercialización de un paquete de 30 canales de televisión
en las ciudades de Lisboa, Oporto y Coimbra. A medio plazo, se está
estudiando el lanzamiento de servicios de vídeo a la carta (video
on demand). Como es previsible, el paisaje audiovisual portugués
podrá experimentar grandes cambios con la red de televisión
por cable. Nos encontramos, no obstante, en los inicios de todo el proceso.
Por último, no sería difícil exponer una larga lista
de medidas conducentes a una optimización del sector. Se trata
de medidas conocidas: evitar la concentración multimedia, respetar
la diversidad de programas y la independencia del servicio público
de televisión, velar por la defensa de la lengua y de la cultura
portuguesas, por la protección de la infancia y de la juventud
frente a la violencia y la pornografía, controlar las obligaciones
legales de los operadores en lo concerniente a cuotas de producción
y difusión de programas y publicidad, etc., etc. Desde nuestro
punto de vista, no obstante, la cuestión decisiva se refiere a
la producción de programas de ficción.
Es importante señalar, en conclusión,
que cuando hablamos de mercado o de audiovisual estamos hablando de flujos
y producción de programas, de contenidos, y que, por tanto, estamos
hablando de dos sistemas aparentemente antagónicos: industria y
cultura. La apuesta por el mercado, en lo que concierne al audiovisual,
es en primer lugar una apuesta por la cultura, por las llamadas industrias
culturales, en ese inmenso saber y saber hacer, en el que la cultura europea
siempre fue pródiga. A ese respecto no hay nada que temer.
Traducción: Antonio Fernández Lera
(1) Ver especialmente Braumann, P.J. y Cádima,
F.R., "Oú va la télévision portugaise?",
Médiaspouvoirs, núm. 24, octubre-diciembre 1991.
(2) Entre los accionistas de la SIC figura
una de las principales cadenas mundiales, la Rede Globo do Brasil, con
un 15 por ciento del capital.
(3) Entre ellos figuran Rádio Renascença,
la Universidad Católica Portuguesa, y la Uni¦o das Misericórdias.
También participa en el capital de la TVI la española Antena
3 TV, con un 5 por ciento.
(4) Ver Público, 25 de junio de 1993.
(5) La SIC acaba de hacerlo ante la Comisión Europea, a principios
de junio de 1993. El argumento invocado se centra en los criterios de
financiación establecidos en el contrato de concesión del
servicio público de televisión. La SIC considera, en particular,
que la RTP no cumple la cláusula que exige que la TV2 sea un canal
dedicado a los programas culturales y para minorías, cosa que claramente
no ocurre, según la SIC. En un artículo publicado en el
Expresso (8 de enero de 1994), firmado por Francisco Pinto Balsem¦o
("A concorrência desleal da RTP"), el presidente de la
SIC se mostraba dispuesto a "acabar en 1994" con la situación.
Se indignaba, especialmente, por el hecho de que la RTP cobre al Estado
"los costes de las delegaciones en el extranjero (...), los costes
de la RTP Internacional (...), de los tiempos de antena (...), de la cooperación
con los países africanos de lengua oficial portuguesa (...), del
mantenimiento de los archivos (.,..), de las inversiones en nuevas tecnologías".
(6) Cádima, F.R., "Serviço
público, interesses privados", Expresso, 1 de febrero de 1992.
(7) Bourdieu, Pierre, "La vertu civile", Le Monde, 16 de septiembre
de 1988, traducción portuguesa en Revista de Comunicaç¦o
e Linguagens, núm. 9, mayo de 1989.
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