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El profesor Weizenbaum es una de las voces críticas más relevantes frente a las corrientes fideistas que ven en las tecnologías de la información una referencia liberadora para los seres humanos. En la actualidad es catedrático emérito en el Massachusset Institute of Technology (MIT), centro en el que ha trabajado durante treinta años. Este centro universitario es el que patenta más inventos cada año y ha saltado recientemente a la opinión pública por ser uno de los lugares donde, en la época de la Guerra Fría, se llevaron a cabo experimentos sobre los efectos de la radiación nuclear con seres humanos (sin informarles y, claro está, sin su consentimiento). Pero también es una institución, paradojas del liberalismo, en el que Noan Chomsky ejerce su voz crítica contra el gobierno y los medios de comunicación de los Estados Unidos, Donal Schön ha desarrollado la noción del "práctico reflexivo" y donde, desde finales de los años 60, el profesor Weizenbaum (una personalidad clave en la historia de la informática) ha ido cuestionando el mito de los artefactos sin ideología. Recientemente ha recibido en Alemania el premio Humbold. Con él tuvimos la oportunidad de mantener esta conversación en el Educational Technology Center de la universidad de Harvard, a finales del pasado verano. Pregunta.- En España se le conoce como el creador del sistema Eliza y por su libro La frontera entre el ordenador y la mente (Madrid: Pirámide, 1987). ¿Qué datos autobiográficos sobre su carrera y trayectoria profesional cree que serían interesantes para que los lectores pudieran entender mejor su trabajo y sus posiciones? Respuesta.- Nací en Berlín (Alemania) en 1923. Lo que significa que tengo setenta años. Me sorprende tener setenta años, pero los tengo. En 1936, cuando tenía trece años, emigré a los Estados Unidos con mis padres y mi hermano donde cursé la enseñanza secundaria. En 1941 me matriculé en la Universidad, pero en diciembre, Estados Unidos entró en la guerra y tuve que integrarme en aviación, donde permanecí hasta el final de la guerra. Volví a la Universidad y, al cabo de algún tiempo, me convertí en ayudante de investigación de un extravagante catedrático de Matemáticas. P.- ¿Cómo pasó del campo de las Matemáticas al de la Informática? R.- Este catedrático decidió que la Universidad necesitaba un ordenador. Esto fue en torno a 1950. En aquel momento, aunque ya existían ordenadores comerciales eran carísimos y tardaban muchísimo en servirlos. De hecho, en aquel tiempo, todas las universidades americanas se construían su propio ordenador. En nuestro caso, este catedrático equipó un laboratorio y un grupo de ayudantes trabajamos para construir uno. Para mí ésta fue una experiencia formativa de gran importancia. Una experiencia que recomiendo a otras personas: llevar a cabo un proyecto en el que tienes que hacerlo absolutamente todo. No es que uno sea responsable de la electrónica y otro de otro aspecto, sino que tú realmente tengas que hacer de todo. De este modo construimos un ordenador que era ridículo para los parámetros actuales y que nunca realizó ningún trabajo útil. Lo más interesante fue cómo construirlo. Lo que aprendimos haciéndolo. Bueno, en realidad, el ordenador hizo algo útil: en invierno caldeó la biblioteca de la Universidad. Tenía muchos tubos, tubos electrónicos, que se calentaban mucho, así que llevamos el calor hacia la biblioteca. Esta fue su tarea más útil. Así es como me introduje en el campo de la Informática y lo hice con tanto entusiasmo que nunca lo he dejado. Creo que todos los informáticos de mi generación, que estaban en activo a mediados los años 50, todos llegaron a él desde otros ámbitos. Desde la Psicología, las Matemáticas, etc. No existía un currículum de Informática. En realidad, el término informática no se había acuñado. Aprendí a ser informático como se aprende un oficio. Es decir, primero uno aprende siendo aprendiz y cuando termina se convierte en oficial. La comunidad era relativamente pequeña porque pocas personas sabían algo sobre ordenadores. Te enterabas de que se hacía algo en algún sitio e ibas, te presentabas, y como había tan pocos informáticos, si podías deletrear la palabra ordenador, si sabías qué era un flip-flop o cualquier otra cosa te contrataban. Me pateé el ámbito de la informática y finalmente acabé en una empresa privada trabajando en un gran proyecto para construir un ordenador para un banco. Nos llevó mucho tiempo y cuando terminé decidí realizar mis propios proyectos. La empresa fue muy generosa dejándome marchar. Publiqué unas cuantas cosas y, en 1963, me llamaron del Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde he estado desde entonces. P.- Usted pasa de la industria y la empresa privada a la universidad, ¿cómo valora este cambio? R.- Cuando era estudiante en la universidad me interesaban los temas sociales y políticos. Cuando tuve la libertad que te da un contrato académico, que no es ilimitada pero sí considerable, intenté pensar en temas y proyectos que apuntasen en esa dirección. Pensé que un problema fundamental a abordar era que los ordenadores entendiesen el lenguaje natural y nos pudiéramos comunicar con ellos en inglés, alemán, español, etc. Ahora pienso que fue un error. El error no fue trabajar en ello, sino pensar que era un requisito necesario para que los ordenadores trabajasen en temas sociales. P.- ¿Fueron estos sus inicios en el campo de la Inteligencia Artificial? ¿Cómo llevó a cabo este trabajo? R.- Construí un mecanismo para manipular y probar el lenguaje natural. Escribí un programa que pudiera conversar en inglés. El problema inmediato que tuve que afrontar es que cuando dos personas conversan los dos han de compartir algún tipo de conocimiento. No se puede conversar con alguien con quien no se comparte ningún tipo de conocimiento y hay que plantearse cuestiones tales como ¿qué le tengo que dar a conocer al ordenador?, ¿cómo darle a conocer estas cosas? Saber qué posibilidades de conocimiento teníamos, era, como sigue siendo ahora, el principal problema. Se han producido avances, pero se está lejos de resolverlo. Se me ocurrió que tenemos muchas conversaciones que no precisan este tipo de rigor. Por ejemplo, la conversación en una fiesta. Una persona te dice algo, tú asientes con la cabeza y dices "sí, entiendo". Si se habla sobre la familia dices, "bien, ¿cómo está tu hermana?", cosas así. Pero en realidad no participas profundamente en ninguna conversación que requiera un conocimiento especial. El mejor ejemplo que puedo dar de este tipo de cosas es la entrevista con el psiquiatra. Este exhibe, en las respuestas que da, lo que en otro contexto se consideraría como ignorancia. Por ejemplo, uno dice "quiero hablar sobre los editores" y, él dice, "bien, ¿qué hacen los editores?" Uno no piensa que el psiquiatra no sabe qué hacen los editores,cree que tiene alguna razón para preguntarle esto que tiene que ver con los secretos psiquiátricos. Del mismo modo, el compañero con el que hablo -la máquina- es de hecho un psiquiatra. Cuando lo acabé me di cuenta de que existían todas las posibilidades de ser malinterpretado, de ser considerado un ejercicio de psiquiatría automática, y no como un ejemplo de manipulación del lenguaje natural por ordenador. Esto fue lo que pasó y es como lo describo en mi libro. LOS ORDENADORES EN LA SOCIEDAD El ambiente se caldeaba, todo iba deprisa,
se requería ayuda y, en esas circunstancias, yo no podía
permanecer al margen. Me preocupaba el papel de mi universidad, del MIT,
y resultó que entonces, como ahora, el MIT estaba muy relacionado
con los militares. Precisamente hace unos días, uno de nuestros
catedráticos fue nombrado Secretario de la Fuerzas Aéreas,
un altísimo puesto en el ejército, el segundo en el escalafón.
Por ello, comencé a hacerme preguntas, sobre todo, para tratar
de entender qué hacía yo allí. Y resultó que
no pude evitar darme cuenta de que yo, y muchos de mis colegas, especialmente
los informáticos, estábamos trabajando en el armamento que
se utilizaba en Vietnam. Incluso, que cierto tipo de estrategias, como
la de zona de alto el fuego, se desarrollaban en el MIT, en el Departamento
de Ciencias Políticas y luego se aplicaban en Vietnam. Cuando me
di cuenta de todo esto, decidí que no podía continuar haciéndolo
y me convertí en una especie de disidente. En principio, como respuesta
consciente, que evolucionó desde una especie de sentido anti-militarista
inicial a un sentido filosófico posterior. Uno se ha de plantear
preguntas filosóficas del tipo: ¿cómo defines lo
que estás haciendo?; ¿cómo puedes aumentar la perspectiva
sobre ello? P.- ¿Cómo reaccionaron la dirección
del MIT y sus colegas? P.- Quizás para ellos era una forma
de decir "tenemos de todo, incluso personas que critican nuestro
trabajo". Lo que planteo cuando manifiesto que los ordenadores no están libres de valores es ¿dónde están estos valores? Creo que los artefactos, sean técnicos o sociales, heredan su valor de la sociedad en la que están ubicados. En nuestra sociedad, el ordenador se inventó durante la Segunda Guerra Mundial de forma más o menos simultánea en Alemania, Gran Bretaña y los Estados Unidos. El ordenador fue una herramienta de guerra. En los primeros 25 ó 30 años el mayor impulso lo recibió en los Estados Unidos. Y la mayor parte del trabajo que se hizo fue bajo el patrocinio de este país. Un país que posee una sociedad que ejerce la violencia de todo tipo, sea en la guerra o en las calles, pues forma parte del carácter estadounidense, ya que tiene que ver con la idea de frontera y otras mitologías. El ordenador toma los valores de esa sociedad. En la mente, el ordenador tiene en la actualidad los valores que pueden asociarse con diferentes tipos de violencia. Se puede ver, por ejemplo, a los niños en las videoconsolas o en las salas de juegos, derribando naves espaciales, destruyendo ciudades, obteniendo altas puntuaciones por matar simbólicamente grandes cantidades de personas. Además, la mayoría de las armas modernas tienen dentro un ordenador. Y podría seguir... No creo que tenga que demostrar mucho todo esto para que se entienda. Pero, volvamos a su pregunta. P.- De manera muy dualista y radical ¿está
el ordenador a favor o en contra de la gente? LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Pero no se tardó mucho en cambiar el foco de interés, especialmente por parte de las personas serias, es decir, los representantes de la academia y la Psicología. Para ellos, hacer inteligencia artificial era básicamente pensar sobre el pensar, y, por así decirlo, lo que se simulaba eran los progresos del pensamiento humano. Ante esto, uno se ha de preguntar, explícitamente o no, ¿con qué grado de explicación simulamos el pensamiento humano? Y esto a distintos niveles. Uno, por ejemplo, sería el nivel cognitivo y otro el neuronal. Estos dos planos son totalmente diferentes. Los dos tratan de explicar un fenómeno, pero resulta muy diferente si se mira desde uno u otro punto de vista. Esto mismo ocurre en cualquier ámbito disciplinar. Hay un tipo de física macro y, por otro lado, está la física atómica y, de alguna manera, las dos tratan de explicar el mismo fenómeno. P.- Sin embargo, los cognitivistas han sostenido
que todo lo humano puede considerarse cognitivo. P.- ¿Tiene alguna relación su
argumento con la propia historia de la Ciencia Cognitiva? Es difícil no pensar en la analogía de que estos pequeños ordenadores son neuronas que están unidas unas a otras, influyéndose mutuamente. Esta máquina que es muy grande y con un millón de ordenadores trabajando de forma simultánea, sería el comienzo de una simulación realista del cerebro. Y aquí es donde se está ahora. Es algo que sucede siempre: llega un nuevo instrumento y muchos científicos piensan: "¡Ahora lo tenemos! ¡Con el nuevo instrumento lo podemos hacer!" P.- ¡Pero la ilusión de creer
que la magnitud y la multiplicidad de conexiones puede ser similar a la
del funcionamiento neuronal es muy grande! P.- Esto nos lleva a la discusión planteada
por autores como Dreyfus y Searle sobre la naturaleza de la inteligencia
y del comportamiento humanos. En los ejemplos que usted ha puesto podría
aceptarse que el comportamiento del ordenador es inteligente, pero que
el ordenador haga algo con precisión y eficacia no significa que
tenga conciencia de que está haciendo algo. Ahora bien, Dreyfuss ha suavizado su posición de forma considerable. Ahora plantea que las máquinas conectivas pueden afrontar las dificultades encontradas por los ordenadores anteriores. Yo no lo creo. Mi argumento es muy simple pero muy convincente. Comienza con la idea de que hay muchas cosas que sabemos que no podemos decir. Cuando digo que no podemos decir, me refiero a cualquier tipo de formalismo o alfabeto, no sólo en lenguaje natural sino también mediante ecuaciones diferenciales, etc. Llegamos a conocer estas cosas a base de nuestra experiencia vital. Nuestra vida, todas nuestras vidas, nos socializan de tal manera que "serás diferente después de esta decisión final de lo que eras antes". No porque aprendamos nuevos hechos, sino porque incorporamos la realidad. Y la forma de hacerlo tiene que ver con nuestra constitución biológica. Cuando somos bebés son las necesidades biológicas y su satisfacción las que nos informan. Nuestros ordenadores no pueden tener experiencias humanas, por ejemplo, la experiencia de socializarse en nuestro mundo de socialización. LA ELIMINACIÓN DE
LA MUERTE P.- No todos los que trabajan en inteligencia artificial tienen las mismas motivaciones. Pero si se mira a los líderes, y en particular a los líderes americanos de esta comunidad, hay algunas excepciones, pero pienso en personas como Marvin Minsky y Hans Warbeck, los veteranos, aunque Warbeck no es un veterano..., creo que lo que sugieren es correcto. Estos, cuando un estudiante llegaba por primera vez al laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT, le solían preguntar más o menos bromeando, Freud nos dice que toda broma tiene una base de realidad, "¿quieres hacerte rico o jugar a ser dios?". Lo que esta persona estudiaría después dependía de la respuesta que hubiese dado a esta cuestión. Ahora resulta que uno puede intentar jugar a ser dios y hacerse rico, pero, dejemos eso... La pregunta se planteaba queriendo decir si se estaba interesado en lo que anteriormente he denominado modo de actuación o en la simulación de seres humanos. Los líderes, especialmente en la universidad, están mucho más implicados en el síndrome de jugar-a-ser-dios, que en el modo de actuación. Y está muy claro que se ha desarrollado un vocabulario, un lenguaje para erradicar la ambigüedad. Lo que voy a decir ahora no ha de entenderse al pie de la letra. Es lo que ellos dicen, se puede leer en lo que dicen: "que Dios fue un diseñador e ingeniero muy mediocre, que no supo entender la Naturaleza y produjo al ser humano como un producto realmente mediocre; que hay muchas cosas incorrectas en el ser humano; que se tarda demasiado a que sea realmente útil, y comete errores, se pone enfermo, olvida las cosas, etc.; y cuando llega a ser más o menos fiable entonces se muere. Todo el esfuerzo por educarlo se malgasta y se tiene que comenzar de nuevo. Es una forma terrible de diseñar seres humanos. Nosotros lo podemos hacer mucho mejor. Podemos diseñar, entre otras cosas, seres vivos en forma de ordenador o un robot que, entre otras ventajas, nunca se ponga enfermo, se canse, se confunda y no tenga que morir. Además, a los pocos días de ser construido es tan inteligente como cualquier otro ordenador en el mundo". Esto se dice explícitamente. Quiero recalcarlo: se dice explícitamente. Otra cosa que se dice y discute explícitamente
es sobre la evolución. El desarrollo de la inteligencia artificial
se ve como un paso en la evolución. La especie humana es un producto
de la evolución natural y ahora se produce una especie de escalera,
de forma que puede trepar sobre sí mismo. El resultado final, y
esto no es una predicción sino su ambición, es un mundo
poblado totalmente por máquinas muy, muy inteligentes. Si se le pregunta a Marvin Minsky cuál es la última finalidad de la inteligencia artificial dirá "la eliminación de la muerte". Lo que quiere decir es que los artilugios digitales que producimos no tienen que morir. Y esto tiene que ver con una visión particular de las cosas vivas y, en concreto, de lo que significa ser humano. ¿Cuál es la esencia de la humanidad del ser humano? Esta cuestión se contesta, de nuevo explícitamente -y tengo que seguir diciendo todo esto siempre porque he descubierto que la gente no se lo cree, pero es lo que sucede- que la esencia de los seres humanos es la información. Los seres humanos son un conjunto de información que puede representarse de forma digital. Es lo que llamanos una larguísima serie de bits. Un larguísimo número representado de forma binaria que caracteriza y representa totalmente al ser humano, que puede copiarse, etc. Si preguntas por la función del cuerpo, vuelvo a citar literalmente, se puede leer en el libro de H. Moravec Mind Children. The Future of Robot and Human Intelligence (1), es simplemente mantener junta toda esta información, como un disco compacto, la propia materia, su función, etc., todo lo que se une para hacer una sinfonía. Todo esto está implicado, especialmente con el nuevo ordenador.
P.- Entonces, ¿realmente se sienten
como los últimos grandes creadores? EFECTOS DE LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA P.- Pasemos al terreno de la vida cotidiana
y hablemos sobre el uso del ordenador en la sociedad, no en la academia.
Por ejemplo, en la revista Business Week del pasado mes de junio había
un monográfico en el que se decía que las compañías
habían estado invirtiendo tres mil millones de dólares en
los últimos tres años y el saldo de esta inversión
había sido un pequeñísimo aumento en la producción,
es decir, habían obtenido muy poca rentabilidad. ¿Qué
piensan sobre esto? y ¿cómo puede explicarse este fenómeno? ¿Qué pasa cuando introducimos un nuevo sistema de producción? Esto se puede representar de la siguiente manera:
Así, entre otras cosas, esto significa
que cuando los profetas del destino dicen, "esperad y veréis;
esto va a cambiar las cosas y habrá que pagar un precio",
parece que estén locos, ya que no cambian muchas cosas. El problema
es que la introducción original, el tiempo pasado en la parte plana
de esta curva y lo que hemos hecho es irreversible. Cuando las formas
empiezan a cambiar de manera profunda, no podemos volver atrás. Pero en los últimos cinco años,
las cosas han cambiado de forma dramática y en los próximos
cinco años, ya no habrá más trabajadores en las fábricas
de automóviles. La productividad ha aumentado muchísimo,
si se mide dividiendo el producto por el número de empleados necesarios
para su producción. El número de personas que crea se reduce.
Y hoy lo vemos en muchas empresas que despiden a más de la mitad
de sus empleados . Hace poco la IBM. Es interesante ver la gente que no
sabe esto. Durante la época de la Depresión en Estados Unidos,
IBM no despidió a una sola persona. Y ahora despiden no sólo
trabajadores sino también cuadros intermedios. Gente de clase media-alta
con un buen sueldo, que han trabajado durante treinta o cuarenta años
en sus empresas, General Electric, General Motors y sitios así.
Tienen casas preciosas, dos coches, los hijos en buenas escuelas y todo
este tipo de cosas. De hecho, algunos vivían con dos sueldos por
adelantado, por lo que estar sin cobrar durante dos meses es para ellos
un terrible problema. Lo ven, todo esto son consecuencias. El problema
de la industria norteamericana no es totalmente debido a la automatización,
pero ha tenido un efecto profundo. El tiempo transcurrido mientras se
ponían las bases, el aumento de la curva era tan pequeño
que la gente decía que no había motivo para preocuparse.
Esto no sólo pasa en la producción, sino en muchos aspectos
de la actividad humana. LA EDUCACIÓN Si tomamos el ejemplo de un matrimonio que no funciona y las dos personas deciden separarse, el divorcio parece una solución, pero es la transformación del problema en muchos otros problemas. Creo que es perjudicial hablar en términos de resolución de problemas de carácter social. Desde luego, un solo instrumento, una única medida, no va a modificar de forma radical el problema de la educación. Estoy en total desacuerdo con Seymour Papert. No creo que el ordenador vaya a significar una diferencia importante en el desarrollo de la educación escolar en las Estados Unidos, o en el resto de los países. Lo problemático, y pienso sobre todo en los Estados Unidos, lo que no funciona en nuestras escuelas es una consecuencia de lo que no funciona en nuestra sociedad. No es una consecuencia de métodos de enseñanza buenos o malos, modernos o tradicionales. Lo que he dicho a menudo es que solemos plantear un problema social y convertirlo en uno técnico y luego aplicamos herramientas técnicas a este problema. Entonces creemos que lo hemos resuelto. Un buen ejemplo, aunque uno podría decir un mal ejemplo, es el de la guerra del Vietnam. El gobierno de los Estados Unidos observó el problema que había allí. El problema era que los comunistas del Sudeste Asiático se habían hecho cargo del poder, comenzando por Vietnam. Y lo convirtieron en un problema militar. En esencia dijeron "Ahora, ¿qué herramientas tenemos que puedan afectar este problema?". Las herramientas más a mano eran las militares. Se convirtió en un problema militar y se buscó una solución militar. P.- ¿Puede poner un ejemplo similar
en el campo de la educación escolar? El problema es el primer paso, pues la conversión del problema en una cuestión técnica impide hacerse las preguntas que deberían hacerse cuando se llega a la conclusión de que Juan tiene problemas para leer. Preguntas del tipo ¿por qué tiene problemas?, ¿cuáles son las razones?, ¿hay algo en los alimentos americanos que impide a la gente aprender a leer?, ¿por qué Juan leía hace cincuenta años y ahora no? Si preguntas esto puedes tener una serie de respuestas, según el distrito escolar. Por ejemplo, que Juan siente miedo cuando está en la escuela porque la gente tiene armas y se hace daño, o que tiene hambre. O un montón de razones que tienen que ver con la sociedad en la que vivimos, en la que todo esto sucede. Déjenme hacer aquí una observación. Anteayer se anunció que los Republicanos van a proponer una proyecto de ley contra el delito, distinta a la introducida por la administración demócrata. Quieren más dinero para construir cárceles, jueces especiales para tratar casos relacionados con la droga, más policía en las calles, etc. He olvidado cuántos dólares, pero serían aproximadamente mil millones para detectores de metales en las escuelas. Si alguien hubiese propuesto esto hace veinte años, se hubiera pensado que estaba loco. ¿Qué significa detectores de metales en las escuelas?, ¿que hay plomo en la pintura y lo quieren detectar? Hoy, todo el mundo sabe qué significa y la persona que lo dijo en la radio no tartamudeó en absoluto. Los detectores de metales están en la propuesta de ley para el gobierno de los Estados Unidos. Y los ordenadores ¿van a hacerse cargo de esto? Esto afecta a toda la sociedad, y no me estoy poniendo a favor de la postura que dice que la única manera de resolver estos problemas es cambiando la sociedad, que no hay que preocuparse por la escuela y todo eso, que hemos de hacer la revolución y después de la revolución todo irá bien. No, no estoy diciendo esto. Lo que tiene que entenderse es que se necesitan medidas políticas para que las escuelas puedan cambiar. La imposición de soluciones tecnológicas es una forma de evitar enfrentarse con las cuestiones clave. Vuelvo al ejemplo del escáner que he utilizado con anterioridad. En este sentido, los ordenadores son las peores cosas que podemos pensar para las escuelas, no porque sean perniciosos -que alguien se electrocute o algo así- sino porque tenemos la ilusión de que estamos haciendo algo cuando en realidad estamos posponiendo cualquier solución posible al problema. Seymour Papert dice -y lo está diciendo desde hace más de quince años- que personas como Montessori y otros reformadores de la educación fracasaron no porque sus ideas fueran malas, sino porque no contaban con las herramientas para llevarlas a cabo. Ahora tenemos la herramienta, así que el ordenador llegó justo a tiempo. Tenemos tres mil o quizás cinco mil años de historia sin ordenador y la gente se las arregló y hay que decir que algún pensamiento profundo salió de estos cinco mil años. Recuerdo la afirmación de una persona del ámbito de la inteligencia artificial que ha dicho que la invención del ordenador, o la entrada del ordenador a la sociedad, es el hecho más importante de la historia humana desde el nacimiento de Jesucristo. Esto son tonterías. Es un terrible perjuicio señalar algo como la solución a todos nuestros problemas en algún terreno, porque nos alienta a no mirar a ninguna otra parte. Creo que esto es ridículo y peligroso. Recuerdo ahora -volviendo a ELIZA y este tipo
de cuestiones- otro contexto totalmente diferente como la aplicación
de los ordenadores en la psiquiatría. El ordenador simulaba un
psiquiatra con un paciente. Ahora existe un programa que cuesta 199 dólares,
llamado Overcoming Depression (Venciendo la depresión), comercializado
por un psicoanalista de California. Y producirá el efecto de que
alguien que tenga problemas psicológicos, quizás con el
diagnóstico acertado o no de depresión, vea este programa
como la salvación y posponga disponer de un diagnóstico
y quizás de un tratamiento correctos. Este material no es necesariamente
una ayuda y puede ir en una dirección completamente opuesta, como
muchos medicamentos, sobre todos los que se compran sin prescripción
médica.
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