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La
comunicación social.
José Luis Piñuel Raigada |
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Es sabido que por comunicación puede
entenderse:
1. "Interacción por la que gran parte de los seres vivos acoplan
sus respectivas conductas frente al entorno mediante transmisión
de mensajes, los cuales son secuencias de signos propios de la especie,
o convenidos por el aprendizaje de códigos".
2. "El propio sistema de transmisión de mensajes o informaciones,
entre personas físicas o sociales, o de una de éstas a una
población, a través de medios personalizados o de masas,
mediante un código de signos convenido".
3. "Sector económico que comprende las industrias de la información
(producción, distribución y edición de noticias,
relatos, comentarios y documentos impresos o audiovisuales sobre el acontecer
de interés general); las industrias de la publicidad y marketing
directo; y las de servicios de comunicación no publicitaria para
empresas e instituciones (patrocinio y mecenazgo, relaciones de prensa,
comunicación business to business o entre profesionales, comunicación
financiera, comunicación visual y audiovisual de uso interno y
externo de las empresas e instituciones con sus públicos, etc.)"
(1).
El libro que merece nuestra atención (2) se ocupa primordialmente
de la comunicación desde la tercera de las perspectivas reseñadas
(desde las diversas formas de comunicación social [información,
publicidad, relaciones públicas, etc.] -caps. 9 al 12-, hasta las
de educación, la comunicación política, la comunicación
internacional y el conjunto de normativas legales de las políticas
europeas de la comunicación y la deontología profesional
-caps. 13 al 18-); no obstante, eso sí, preocupándose de
examinar las ciencias que le aportan a este sector de actividad una reflexión
capaz de proporcionarle contexto epistemológico y sociocultural.
En cuanto a su contexto epistemológico (que Parés aborda
a lo largo de los tres primeros capítulos de su libro), habría
que subrayar que la comunicación se ha constituido en objeto científico
de estudio en este siglo. Como he indicado en otro lugar (3), en poco
más de cincuenta años la "teoría de la comunicación"
ha tratado de ser construida desde diferentes perspectivas: ha sido una
teoría física (Shannon), una teoría social con base
en la Lengua (Saussure) o con base en la Antropología cognitiva
(Lévi-Strauss), una teoría psicológica con base en
la Percepción (Moles) o en la Interacción (Bateson, Watzlawick,
Goffman); o se han estudiado los efectos sociales y psicológicos
de su aplicación institucional en el campo de la Comunicación
de Masas (Lasswell, Lazarsfeld, Berelson, Hovland); o se ha abordado su
estudio desde una perspectiva crítica, como manifestación
aberrante de la industria de la cultura liberal burguesa (Horkheimer,
Adorno, Marcuse, Habermas) (4). El libro que nos ocupa limita el examen
epistemológico a las perspectivas citadas en penúltimo y
último lugar, aunque en un capítulo posterior (capítulo
6) dedicado a teorías y modelos básicos de la comunicación
social, cite a Shannon y Weaver entre los autores de modelos teóricos;
concretamente Parés arranca de los aportes de la sociología,
la ciencia política y la psicología social (capítulo
3).
En consecuencia, vamos a limitar nuestro comentario a tales perspectivas,
tomando como pretexto el texto de M. Parés i Maicas.
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ACCIÓN SOCIAL E INTERACCIONES SOCIALES
Inevitablemente, el estudio de la comunicación en el medio social
se halla relacionada con los conceptos de acción e interacción.
La acción social puede ser entendida desde la perspectiva positiva
de E. Durkheim como el conjunto de maneras de obrar, pensar y sentir,
externas al individuo y dotadas de un poder coercitivo, en cuya virtud
se imponen a él. O puede ser entendida desde la perspectiva subjetivista
de M. Weber, en la medida en que los sujetos de la acción humana
vinculen a ella un significado subjetivo, referido a la conducta propia
y de los otros, orientándose así cada una en su desarrollo.
O puede finalmente fundirse la óptica positiva y subjetiva, integrándolas
en el concepto más holístico de praxis social (perspectiva
dialéctica de K. Marx), desde la que todo conocimiento humano individual,
inserto en el conocimiento social, está basado en las relaciones
sociales de producción y transformación de la realidad,
que han sido fijadas por los propios hombres en un proceso de desarrollo
real y material de las condiciones históricas dadas. Parés
no se ocupa directamente de tales presupuestos, ni toma en consideración
a sus padres fundadores en la epistemología de la ciencia social;
se limita a bascular las apelaciones sociológicas a la comunicación
y a los medios de comunicación sobre las nociones de grupo, masa,
multitudes, y públicos, y opta por referirse a fuentes más
modernas, como Birou, Schäfers, Cazeneuve, Mousson, Blumer (si bien
para las nociones de masa y multitud se remonta a Le Bon y Tarde), etc.
La razón es quizá que el interés de Parés
no es trazar perspectivas epistemológicas, sino trazar apuntes
sobre los rasgos de aquellas nociones que más adelante va a traer
a colación al hablar de los elementos de la comunicación
social y sus formas.
Puestos a considerar el proceso de la comunicación (capítulos
4 y 5), debiera tenerse como telón de fondo que toda la actividad
humana, en tanto que vida social, se constituye en actividad social; una
actividad social que se caracteriza por perseguir objetivos sociales.
Las motivaciones y las orientaciones de la acción debieran entenderse
en el marco de las formaciones sociales donde se desarrollan históricamente
los esquemas relacionales, conformando redes interactivas (individuales
o grupales) entre los agentes sociales. Estos pueden anticipar o reaccionar
así ante las acciones de otros agentes. Esta visión, claramente
sistémica, debida a T. Parsons, señala cómo la acción
social no consiste tan sólo en respuestas particulares ante estímulos
situacionales particulares, sino que el agente envuelve la relación
de un verdadero sistema de expectativas relativas a la configuración
social en que se encuentra. El concepto de interacción social organizada
parece el que mejor define la relación social. Aunque las interacciones
sociales en forma de relaciones terminan por fijarse ritualmente en esquemas
de conducta social.
La introducción paulatina de significados sobre las acciones, va
alineando la acción propia y las de los demás en el universo
de conocimiento social. Los actos sociales se realizan mediante símbolos
compartidos, siendo la forma más explícita de éstos
el lenguaje. Mediante el lenguaje, el sujeto social es capaz de desarrollar
su mente, su sentido del yo, la conciencia de la identidad, y de asumir
roles sociales. La cultura y el aprendizaje humanos se realizan mediante
la comunicación, o interacción simbólica, por la
que se adquiere el propio sentido del ser, carácter e identidad.
El yo reflejado, o "yo espejo" (Ch. H. Cooley) es la constitución
de un yo a partir de la interacción con los demás. Esta
constitución hace del yo un ser objetivo y subjetivo (G.H. Mead),
de forma que este último es capaz de considerar al objetivo (mi
o me) abriendo paso a la conciencia. Para Mead, vamos adquiriendo nuestro
sentido del yo de un modo simétrico a nuestro sentido de la existencia
del otro. Así, cada uno de nosotros llega a ser consciente de una
especie de otro generalizado, a saber, la sociedad en general. Cada situación
de interacción se define de acuerdo con el bagaje simbólico
que poseemos y que proyectamos in situ, definiendo la situación.
La interacción simbólica resulta ser un medio por el cual
se realiza la socialización humana que acompaña toda la
vida del ser social. En definitiva, los procesos individuales y sociales
son como repertorios articulables de interacciones sociales cargadas paulatinamente
de más significados, según se amplían y diversifican
las experiencias. Así, el sentido del yo y el sentido del otro
generalizado,a través de este tipo de interacciones simbólicas,
se van manteniendo y reforzando.
No obstante, todas estas nociones, que personalmente sé que son
muy apreciadas por Parés por su sensibilidad nacionalista, sólo
son traídas a colación en su texto a través de un
demasiado breve apartado a propósito de "la construcción
social de la realidad", cuando en el capítulo 5 reflexiona
sobre los efectos de la comunicación social.
Según P. Berger y T. Luckmann (5), la socialización, como
modo de reproducción de identidad a través de la comunicación
social, trata de la integración de imágenes o contenidos
culturalmente significativos y específicos en una visión
del mundo y de la sociedad. Las instituciones encargadas de la transmisión
de significados tienen por misión obtener una respuesta social
de reconocimiento sobre la legitimidad del status quo. Los individuos
sociales deben interiorizar o integrar ese significado en el proceso educativo
(y a la relevancia de la comunicación y la educación dedica
un jugoso capítulo Parés: el capítulo 13). Toda transmisión
de significados entraña procedimientos de control y no sólo
de legitimación. Así, las instancias reproductoras han de
incorporar las concepciones desviadas dentro del universo simbólico
o modelo de mundo vigente. El resultado es la reafirmación de ese
universo. Toda la realidad, nos dicen Berger y Luckmann, queda abarcada
por el alcance conceptual del universo simbólico vigente. Por ejemplo,
al desempeñar roles, los individuos participan en el mundo social.
Al interiorizar dichos roles, ese mismo mundo cobra realidad subjetiva
para ellos. El desempeño de roles significa la afectación
normativa sobre los comportamientos individuales, porque todo comportamiento
institucionalizado involucra roles y éstos comparten así
el carácter controlador de la de cualquier institución.
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LA MEDIACIÓN EN LA CONSTRUCCIÓN
DE LA IDENTIDAD SOCIAL
La progresiva autonomía, independencia y distanciamiento del sujeto
humano respecto de la influencia de su medio, viene dada por la capacidad
de control, cada vez menos implicado con relaciones sensoriales, que el
ser humano ha sido capaz de desarrollar sobre sí mismo, sobre el
hábitat donde vive, y sobre la relación que cabe mantener
con él. La mediación entre el cambio del acontecer y la
conciencia que el sujeto, que permanece, se hace de ese cambio puede establecerse
no sólo por la actividad escrutadora del sujeto en cuestión,
sino también por el concurso de otros sujetos reconocibles que
le proveen de información acerca de ese cambio. La actividad mediadora
conoce aquí su origen: la mediación se produce por la intervención
de procesos de intercambio de información entre actores de la comunicación.
De modo que aquel intercambio sirve para mediar entre el acontecer y los
hombres. El intercambio informativo al que Parés dedica los capítulos
8 y 9, si se produce en entornos sociales, porporciona un sentido social
a la mediación: los agentes sociales -sean grupos u organizaciones-
que procuran información sobre el acontecer, se institucionalizan
para la producción social de mediaciones: son los medios de comunicación
social (capítulo 10). Los medios de comunicación social
se convierten en instituciones especializadas, no solamente de información
acerca del acontecer social, sino sobre todo de transmisión de
significados sociales. Y toda transmisión de significados institucionales
entraña procedimientos de control y legitimación de esas
instituciones.

La mediación comunicativa se convierte en mediación social
si se reconoce la función reproductora que desempeña el
Sistema de Comunicación (o cualquiera de los sistemas de comunicación)
acerca del Sistema Social (o de sistemas o subsistemas sociales particulares).
La reproducción que promueven los productos comunicativos se sitúa
a nivel superestructural. Las representaciones sociales vehiculadas a
través de las instituciones comunicativas integran la diversidad
y la conflictividad del acontecer de referencia por el recurso a una práctica
comunicativa que media estructural y cognitivamente.
Estructuralmente, porque todo proceso productivo se halla estructurado
como un mecanismo por el que se pretende rentabilizar u optimizar las
inversiones en medios materiales y humanos. De ahí que, en concreto,
la producción de comunicación en las empresas periodísticas
esté sometida a unas pautas expresivas. Y a este propósito
Parés trae a colación "algunas teorías sobre
la información" que se sitúan más sobre un plano
superestructural que estructural. La mediación estructural opera
sobre los soportes de los medios, ofreciendo a las audiencias modelos
de producción de comunicación. La división del trabajo
expresivo entre los emisores, que recurre a códigos expresivos
adecuados a la tarea de construcción del discurso periodístico,
supone la mediación estructural. Esta tarea se ritualiza y los
formatos que adquieren los productos expresivos se hacen estables (repárese,
por ejemplo, en la ubicación y conformación rígida
de las secciones de un periódico). La apertura imprevisible del
acontecer y el cerramiento necesario del producto comunicativo asegura
la ritualización en la presentación de los datos de referencia
mediante una repetición de las formas estables del relato, que
transfieren la identidad de éste a la identidad social del acontecer
relatado. Y este es el aspecto retomado por Parés cuando habla
de los medios de comunicación social como institución y
como organización (capítulo 10).
La introducción de códigos de significación por medios
institucionales de comunicación posee una función reproductiva
de las representaciones socialmente sancionadas. La opinión pública,
la cultura de masas, la educación (capítulos 11, 12 y 13)
ofrecen suficiente ilustración a este propósito, pero el
hilo conductor de la exposición llega a ocultarse tras la prolija
exposición de apreciaciones teóricas.
Cierra finalmente Parés su libro abordando perspectivas sobre políticas
de comunicación y sus presupuestos internacionales, nacionales
e incluso autonómicos referidos a Cataluña, tanto desde
visiones de hecho como de derecho (Comunidad Europea, Consejo de Europa,
etc.).
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CONCLUSIÓN
¿Cuál es la utilidad y para quién, de esta Introducción
a la Comunicación Social?
Globalmente puede decirse que es un libro escrito desde el mundo académico-profesional
de las Facultades de Ciencias de la Información españolas,
cuya historia de más de 20 años se caracteriza por mirar
el paisaje de las ciencias humanas y sociales desde la propia ventana,
que sólo muestra el exterior en función de los vanos que
permite la estructura del edificio. El esquema es el clásico de
una memoria de Concurso-Oposición: arranque desde las citas de
rigor sobre epistemología de las ciencias sociales, perspectivas
de las ciencias sociales y humanas desde las supuestas "ciencias
de la comunicación", nociones básicas a partir de las
cuales examinar los procesos de comunicación, teorías y
modelos sobre la comunicación social, un poco de historia, formas
y medios de comunicación, y, finalmente, reflexiones desde el mundo
académico de la "comunicación social" a propósito
de la cultura de masas, la opinión pública, la educación,
la comunicación política y las políticas de comunicación,
con excurso sobre ética y deontología de las prácticas
profesionales. Cada apartado, además, hilvanado sobre los pespuntes
de las citas obligadas de los autores con que se mantienen relaciones
vigentes académico-profesionales, y que en el caso de Parés
i Maicas son muy nutridas, ya que alcanzó el mérito de ser
secretario general del Congreso Mundial del AIERI celebrado en Barcelona
durante el verano de 1990. No obstante, el libro merece una consulta permanente,
más útil para quienes, como él, en su día
se ven obligados a elaborar una memoria académica de oposiciones,
que para alumnos de primeros cursos de carrera a quienes una Introducción
como esta puede resultar prolija de pareceres y comentarios.
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(1) Cfr. en M-H Westphalen, J-L Piñuel, La dirección de
comunicación. 1. Prácticas profesionales. 2. Diccionario
técnico. Ed. El Prado. Madrid, 1993.
(2) Manuel Parés i Maicas. Introducción a la comunicación
social. Ed. ESRP-PPU. Barcelona, 1992.
(3) Cfr. Piñuel, J.L. La Expresión. Una introducción
a la Filosofía de la Comunicación. Madrid, 1989. Ed. Visor.
Págs. 125-126.
(4) Para un análisis sistemático de los modelos de comunicación,
diferenciando "entre modelos destinados a una intervención
práctica sobre algún sistema de comunicación específico
(sistemas de carácter social, como la comunicación de masas;
interpersonal; político, como las elecciones, etc.), y modelos
destinados a una explicación teórica, o metodológica
de los fenómenos comunicativos: teoría o método,
en principio aplicable a cualquier clase de sistemas de comunicación
concreto, o bien a un amplio repertorio de sistemas específicos",
cfr. Martín Serrano, M.; Piñuel Raigada, J.L.; Gracia Sanz,
J.; y Arias Fernández, M.A.: Epistemología de la comunicación
y análisis de la referencia. Madrid, 1981, págs. 101-137.
(Obra que, sin embargo, o desconoce Parés, o no considera relevante
por alguna razón ignorada).
(5) Berger, P. y Luckmann, T.: La construcción social de la realidad.
Buenos Aires, 1983. Ed. Amorrortu.
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