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La
economía de la comunicación.
El mercado de la cultura.
Juan Luis Millán Pereira |
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Con la publicación del libro que se
reseña (1), el profesor Zallo contribuye decisivamente a consolidar
en nuestro país una línea de investigación iniciada
hace escasos años, pero cuya pujanza ha permitido que en la actualidad
sus frutos comiencen a manifestarse con nitidez en el panorama bibliográfico
nacional: la del análisis económico o Economía de
la Comunicación, la Información y la Cultura.
El extenso bagaje de Ramón Zallo en el estudio de la materia, avalado
por dos obras que hoy día resultan de obligada consulta cuando
se trata de abordar estos temas (Economía de la comunicación
y la cultura, Akal, 1988; y Las industrias culturales en España,
Akal, 1988, en la que intervino como coordinador, junto al profesor E.
Bustamante), así como por sus numerosos artículos publicados
en revistas especializadas, permite asegurar que detrás del actual
trabajo subyace, de un lado, un profundo conocimiento del sector, y de
otro, un estudio analíticamente riguroso y metodológicamente
irreprochable, aunque revisable y abierto -como el propio autor reconoce-
de sus fundamentos teóricos. Todo ello le permite avanzar a pasos
agigantados tanto en la comprensión de su estructura económica,
como en la previsión de comportamientos futuros desde una perspectiva
necesariamente válida en la que se analizan los procesos comunicacionales
a la luz de reflexiones que trascienden una estricta percepción
economicista, y en la que se entremezclan consideraciones organizacionales,
presencia de grupos de poder, creciente mercantilización de la
cultura, así como numerosos referentes contextuales (proceso de
integración europea, desreglamentación de la cultura) y
políticos.
El libro se estructura en torno a cuatro grandes bloques temáticos:
la investigación en economía de la comunicación,
tendencias del sector cultural, problemas económicos del audiovisual
y la publicidad, y política cultural y de comunicación.
Tras un breve capítulo introductorio en el que se argumenta la
pertinencia del análisis económico para abordar el conocimiento
de este segmento de actividad, con crecientes implicaciones industriales,
mercantiles e industrializadoras, en la primera parte se ofrece una visión
sintética, a la vez que clarificadora de la multiplicidad de aportaciones
que, atendiendo a criterios y razones bien divergentes, han inundado el
panorama doctrinal en el tema a lo largo de las últimas décadas.
Sin embargo, el desafío que ha supuesto el conocimiento de los
procesos comunicacionales desde una perspectiva económica se ha
saldado, en líneas generales, con un deficiente conocimiento de
una realidad informativo-comunicacional en continua mutación.
Las razones que se apuntan en este sentido son muy diversas, si bien podríamos
referirnos a la singularidad que manifiestan los procesos de valorización
que afectan a unos contenidos esencialmente simbólicos; a la especial
aplicación que se realiza de los avances científicos que
se observan en el sector, al margen de cualquier posicionamiento tecnologista;
a la intensificación de los movimientos de capitales en el ámbito
transnacional en busca de sinergias productivas y diferenciales de rentabilidad,
que apenas se comprenden y difícilmente se justifican si recurrimos
a interpretaciones de economía convencional o al cuestionable argumento
de que se trata de una actividad improductiva o residual. Y todo ello
en un contexto de relaciones sociales (estructuras organizativas, jerarquías
de poder y estrategias del capital) que definen, caracterizan y condicionan
cuantas transformaciones se observan en torno al sector cultural.
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En consecuencia, el profesor Zallo propone una perspectiva
de análisis económico crítico de la comunicación
(institucional o de nueva economía, si se prefiere), aunque alejado
de posicionamientos exclusivamente ideológicos o superestructurales,
en la medida en que la cultura no es sino el output de un proceso productivo
lógico (contribuye a valorizar capitales) e íntegro (comprende
desde la concepción del símbolo hasta su intercambio mercantil),
aunque específico.
La perspectiva mesoeconómica constituye una modalidad de estudio
en la que se dan cabida a todas estas consideraciones y permite aproximarnos,
como criterio metodológico, tanto al estudio de la gestión
de los propios procesos productivos culturales, como al de la naturaleza
de la estructura económica que define y al del comportamiento que
manifiestan los distintos agentes que intervienen en los intercambios
comunicacionales o en su regulación.
Una vez completado este esfuerzo de homogeneización teórica
y conceptual, los resultados se suceden y las bases sobre las que se posibilita
edificar cualquier medida de política cultural se fortalecen.
Así, la segunda parte contiene un detallado análisis del
sector comunicativo en su globalidad, destacando los elementos más
significativos que han caracterizado su evolución, tanto a nivel
nacional como internacional a partir de la década de los 60 y que
denotan su actual situación, sin por ello prescindir de la casuística
específica que se observa en el complejo y diverso entramado de
industrias culturales que integran el sector.
Las líneas directrices en torno a las cuales se articula toda esta
reflexión, la constituyen aquellos elementos que han experimentado
una evolución más acusada y significativa, como son: los
procesos productivos culturales (con especial referencia a los modos de
organización del trabajo, a la configuración de nuevos productos
comunicativos y a las formas de remuneración) y los movimientos
de capital a nivel internacional (estrategias, concentración y
formación de grandes grupos de comunicación).
A lo largo de la tercera parte se desciende al ámbito específico
de análisis de la hilera del audiovisual y de la industria publicitaria,
en la medida en que constituyen dos de las áreas comunicacionales
de mayor proyección económica.
Un asunto que trasciende la consideración individualizada de ambas,
y que también es abordado por el profesor Zallo, lo constituye
el de la financiación (comercial o no) de la televisión,
en especial de la pública, a partir de los argumentos de posible
deterioro de su calidad y de deslegitimación de su función
social -en un contexto de diversificación de canales y creciente
competencia-, para concluir proponiendo un interesante modelo de financiación
de tres tercios: publicitario, presupuestario y tasa parafiscal sobre
la publicidad.
La última parte contiene, más que políticas culturales
concretas, algunas reflexiones en torno a los principales elementos que
intervienen reduciendo la capacidad de actuación discrecional de
los gobiernos en los procesos de regulación, desregulación
y sometimiento de los procesos culturales a planteamientos normativos
tales como el acceso generalizado de los individuos a la cultura, que
permiten minimizar los efectos perniciosos que se derivan del intenso
fenómeno de mercantilización que le afecta.
Me parece oportuno concluir reseñando la bondad del apartado bibliográfico
en el que se recoge lo más significativo y reciente de la literatura
al respecto, con especial detalle de las contribuciones nacionales, y
cuyo análisis detallado contribuirá a clarificar y enriquecer
el debate acerca de la necesidad de una Ciencia Económica de la
Comunicación, alejada de cualquier visión unitaria y concepción
simplista del fenómeno informativo.
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