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Medios
de comunicación y democracia.
La construcción de un presidente brasileño. (*)
Venicio A. de Lima |
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Las elecciones brasileñas de 1989 resultan
un indicador privilegiado de la construcción de escenarios políticos
de representación en un país. La actuación de los
medios, de la televisión especialmente, cuestiona además
el concepto de la democracia.
INTRODUCCIÓN
Las elecciones presidenciales de 1989 fueron el aconteci
miento más importante en la historia política brasileña
de los últimos tiempos. Más de un año después
de la última ronda electoral, celebrada el 17 de diciembre de 1989,
los analistas siguen confundidos ante interrogantes como los siguientes:
1) ¿qué factores llevaron al triunfo de un joven y hasta
entonces desconocido político profesional (Fernando Collor de Melo),
del pequeño Estado nororiental de Alagoas? 2) ¿cómo
pudo el dirigente de un sindicato de obreros metalúrgicos (Luis
Inacio Lula da Silva) desafiar al candidato principal, forzar una segunda
vuelta electoral y obtener casi 32 millones de votos? 3) ¿qué
modelos se desarrollaron en las elecciones presidenciales brasileñas
que pudieran sentar un precedente electoral para otros países latinoamericanos
en sus transiciones a la democracia?
Las elecciones son procesos extremadamente complejos y dinámicos,
cuya lógica difiere radicalmente en función de una amplia
gama de variables, y resulta muy difícil determinar con precisión
los factores que explican el comportamiento de la mayoría de los
votantes. Los paradigmas tradicionales de análisis político,
metodológicamente positivistas y teóricamente conductistas,
son demasiado limitados para explicar el más amplio escenario de
representación inherente al proceso electoral, que abarca toda
una serie de fenómenos -creencias, expectativas, debates, ceremonias,
rituales, simbolismos,gestos, recuerdos, mitos- que han de ser tenidos
en cuenta al tratar de comprender las culturas políticas. En las
sociedades contemporáneas, donde los medios de comunicación
ocupan una posición central, la comprensión de la política
traspasa las fronteras de los estudios de ciencia política, medios
de comunicación y cultura. El análisis político comparativo,
por otra parte, sigue planteando un enorme reto a los investigadores,
dado el estado inicial en que todavía se encuentra el desarrollo
de conceptos, definiciones y teorías.
Las elecciones presidenciales de 1989 se produjeron en un contexto histórico
nunca antes conocido en el país. Celebradas 25 años después
del golpe de Estado militar de 1964, y casi treinta años después
de las últimas elecciones presidenciales directas, dichas elecciones:
1) fueron únicas, es decir, se celebraron
de forma aislada, sin que tuvieran lugar al mismo tiempo elecciones regionales
y/o locales para los brazos ejecutivo o legislativo de la Administración;
2) fueron las primeras que permitieron votar a los analfabetos (más
de dos tercios de los votantes son analfabetos o semianalfabetos, TSE/86),
y a los jóvenes entre 16 y 18 años (cerca de 3,3 millones
o poco más de un 4 por ciento, TSE/89);
3) fueron las primeras que se celebraron en dos vueltas, es decir, cuando
ninguno de los candidatos obtuvo la mayoría absoluta en la primera
ronda electoral (15 de noviembre), hubo una segunda vuelta (17 de diciembre)
entre los dos candidatos con mayor número de votos; y
4) fueron las primeras que tuvieron lugar en un país integrado
por una moderna industria cultural. La televisión ocupa un lugar
central en esa industria. Y entre las emisoras de televisión es
dominante el monopolio virtual de Globo TV. La cadena Globo TV tiene una
audiencia que oscila entre el 60 y el 84 por ciento, en cualquier día
y hora (Imprensa, núm. 26).
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1. LA TELEVISIÓN: EL FACTOR CLAVE
Este informe abordará principalmente el primero
de los interrogantes planteados. Se argumentará que en Brasil,
donde instituciones políticas tradicionales como los profesionales
de la política, los partidos políticos, los sindicatos y
el Congreso han sido históricamente débiles, las razones
para el éxito de Fernando Collor en las elecciones presidenciales
de 1989 pueden encontrarse en el escenario político de representación
que fue construido en y por los medios de comunicación, especialmente
la televisión, durante años, pero especialmente desde el
momento en que la Asamblea Nacional Constituyente determinó la
fecha de las elecciones (6/88). Este escenario político estaba
ya delineado a mediados de 1989, mucho antes del comienzo del periodo
electoral de espacios gratuitos en radio y televisión, que la ley
concede a todos los candidatos (HEG) (15-9-89) y al menos seis meses antes
de la celebración de la primera vuelta electoral.
La mayor habilidad de Collor consistió en identificarse, mediante
una eficaz estrategia de mercadotecnia, con el escenario político,
es decir, con el orden de prioridades temáticas y políticas
construido por y a través de los medios de comunicación
(novelas, encuestas periodísticas y técnicas de mercado).
Al ajustar su imagen pública al perfil ideal del candidato, se
insertó gradualmente en las modernas instituciones (nacionales
y/o asociadas), y se convirtió en el único capaz de encarnar
y representar sus intereses, con lo que obtuvo su apoyo y ganó
los votos que le dieron la victoria.
En los siguientes apartados se desarrollará
este argumento desde puntos de vista teóricos y empíricos.
2. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA
POLÍTICA CONTEMPORANEA
Una lectura cuidadosa de los artículos
relacionados en el International Political Science Abstracts indica lo
poco que hasta ahora se ha hecho por explorar el papel de los medios de
comunicación en la política contemporánea. La mayoría
de las investigaciones se centran en la comprensión de instituciones
políticas clásicas, como los partidos políticos,
el Estado, el Ejército, o temas genéricos como el autoritarismo,
las transiciones de régimen o el corporativismo. Por otra parte,
la historia de la teoría e investigación de la comunicación
política en Occidente ha estado muy sometida a la influencia del
paradigma de comunicación predominante en Estados Unidos durante
los últimos 40 años (Chaffee y Hochheimer, 1985; Hall, 1989).
El modelo de efectos limitados y la reducción de la investigación
de la comunicación política a los estudios de campañas
equiparadas a las campañas de productos de mercado, constituían
el marco en que se afirmaban la mayoría de los descubrimientos
en este campo (Delia, 1987). Además, parece existir muy poca interacción
entre ambas disciplinas y sus profesionales.
Dentro de la corriente principal de la investigación norteamericana
sobre comunicación, a mediados de los años 50, algunos estudios
señalaron la necesidad de pasar a un nuevo marco en el que los
efectos conductistas a corto plazo fuesen sustituidos por efectos cognoscitivos
a largo plazo (Lang y Lang, 1962). Esta nueva línea de indagación
abrió el camino para el desarrollo teórico de la noción
de poder de fijación de un orden de prioridades por parte de los
medios de comunicación (Cohen, 1963). No obstante, pese a estas
y otras sugerencias de nuevas orientaciones, la investigación y
la teoría de la comunicación política, principalmente
en la tradición norteamericana, siguió siendo inocente y
esencialmente favorable a los medios de comunicación y a la política
como instituciones independientes en las sociedades democráticas.
Puede decirse que, al mismo tiempo, empezó a producirse un desplazamiento
de paradigma en la investigación de la comunicación política,
con la consolidación de las industrias de la comunicación,
especialmente la televisión comercial, a finales de los años
60 y comienzos de los 70, tanto en las sociedades europeas como en las
del Tercer Mundo (Noelle-Neumann, 1973; Ortiz, 1988); incluso pese a que
muchas de las pertenecientes al segundo grupo vivían entonces bajo
regímenes políticos autoritarios y militares (no democráticos).
El retorno al concepto de medios de comunicación poderosos hizo
posible una creciente conciencia del lugar cultural (ideológico)
clave que los medios de comunicación ocupan en los procesos políticos
y electorales de las democracias liberales occidentales. Algunos autores
expresaron su preocupación por el poder de los medios de comunicación
para producir "lo que es presentado/constituido como público",
transformándolo así en "elementos de conformidad en
la actividad política" (Rubim, 1989). Otros describieron la
erupción de la videopolítica como fenómeno en plena
expansión, en el que un nuevo homo ocular, nacido de y moldeado
por la pantalla, que se relaciona con el mundo a través del lenguaje
visual, entra en contacto con el poder político por medio de la
televisión (Landi, 1990). Incluso otros, como Paletz y Entman (1981)
señalaron que "la televisión (entretenimiento y publicidad)
muestra a su audiencia las opciones que ofrece y las normas que impone
su sociedad; las expectativas, valores y normas de juicio que las sociedades
aplican y deben aplicar a la vida. De este modo, la televisión
va más allá de la prestación de seguridad, participación
indirecta, diversión, evasión; la televisión socializa".
También Meyrowitz subraya que "la televisión como entorno
modela y remodela el carácter nacional y los modelos contemporáneos
de sentimiento y pensamiento (...). La televisión es el contexto
donde la mayoría de nosotros percibimos el mundo, pensamos sobre
política, sobre entretenimiento, sobre información, sobre
cualquier cosa" (Meyrowitz, 1989).
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Los estudios han insistido, asimismo, sobre el redescubrimiento
de la importancia de la mitología política y del imaginario
frente a la racionalidad implícita de los paradigmas dominantes
en las ciencias políticas (Girardet, 1986); la presencia de los
mitos en la cultura de los medios de comunicación (Silverstone,
1981: 1988); las limitaciones estructurales de los diferentes tipos de
medios, melodrama o noticias (Thorburn, 1981; el enfoque informativo)
y el impacto de la tecnología de los medios en la cultura contemporánea
(Williams, 1975).
Colectivamente, la procedencia de los estudios es la siguiente: a) diversas
realidades sociales, económicas, culturales y de medios de comunicación,
como las correspondientes a Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia,
Italia, Brasil y Argentina; b) diversas disciplinas académicas,
como la antropología,la sociología, la ciencia política,
la psicología social y los estudios de comunicación; y c)
diversos paradigmas teóricos: liberal-funcionalista; antropolítico-estructuralista;
tecnológico-determinista; marxista y otros.
Más recientemente, algunos teóricos posmodernos han insistido
mucho en que la cultura contemporánea se caracteriza por la sustitución
de la realidad por imágenes creadas por los medios de comunicación
(Baudrillard, 1978). El problema de esta posición posmoderna es
que carece de una teoría sobre el tema y, por ese motivo, queda
desprovista de posibilidades utópicas y no puede impulsar el discurso
del cambio social (McLaren, 1986; Larsen, 1990). En consecuencia, termina
por proclamar la muerte de la política del mismo modo que los teóricos
neoconservadores proclaman el final de la historia (Fukuyama, 1989). Los
medios de comunicación y la política vuelven así
en los años 90 a la misma relación de inocencia que tenían
bajo el antiguo modelo de efectos limitados que predominaba en el campo
de la comunicación política hace más de treinta años.
En este movimiento aparentemente circular de los efectos limitados a determinados
discursos posmodernos, lo que realmente se echa en falta es una perspectiva
dialéctica de la relación entre medios de comunicación
y política. Esa perspectiva puede verse en el concepto planteado
por Hall de escenarios de representación, basado en la noción
de hegemonía de Gramsci. Hall señala que "el modo en
que las cosas se representan y las maquinarias y regímenes de representación
de una cultura juegan realmente un papel constitutivo y no un papel meramente
reflexivo, posterior al acontecimiento. Esto otorga a las cuestiones de
cultura e ideología, y a los escenarios de representación
-subjetividad, identidad, política- un lugar formativo, no un lugar
meramente expresivo en la constitución de la vida social y política"
(Hall, 1988).
Dado que las representaciones de la vida contemporánea son interpretadas
principalmente por y a través de las maquinarias y regímenes
de los medios de comunicación, su capacidad para (re)crear el escenario
político resulta ser no solamente reflexivo sobre las instituciones
políticas existentes,sino constitutivo de otras nuevas. Esto se
produce dentro de reglas y normas definidas y estructuradas por los propios
medios de comunicación, como formas tecnológicas, como canales
de discurso y como instituciones sociales o aparato hegemónico
privado (Gramsci). No es superfluo subrayar la posición central
de la televisión como maquinaria y régimen de representación,
dado que constituye la fuente más reconocida de noticias, información
y entretenimiento (Kellner, 1990; ABM, 1990-91). La televisión
tiene una estructura y un lenguaje narrativo específicos, que limita
tanto los programas informativos como los de entretenimiento, y ha desarrollado
géneros televisivos particulares (como los culebrones/novelas)
que se adaptan a su propio régimen de representación y que
son populares entre amplios sectores de la audiencia.
Los medios de comunicación se están convirtiendo en un lugar
privilegiado, donde realmente se construye (se interpreta) y se disputa
la lucha por el conocimiento y el significado -es decir, la lucha por
el poder- en las culturas contemporáneas. Los medios constituyen/reflejan
los diferentes escenarios de representación en los que se definen
cuestiones de clase, raza, sexo, deseo, placer e identidad; por consiguiente,
reconstruyen la política. Es exactamente por constituir/reflejar
los escenarios de representación por lo que los medios revelan
su poder en las culturas contemporáneas. Ellos definen los temas
prioritarios y fijan los límites estructurales en los que se llevará
a cabo el proceso electoral (no sólo las campañas políticas).
La construcción ubicua, por parte de los medios de comunicación,
de un amplio espectro de imágenes y valores (representaciones)
que son reflejados o representados en los noticiarios, comedias de situación,
dramas de acción, culebrones, novelas, películas, acontecimientos
deportivos, en la mayoría de los casos condicionan/determinan a
priori las oportunidades de éxito o fracaso de un candidato político
en las actuales elecciones democráticas liberales. Los medios de
comunicación tienen el poder de determinar las posibilidades de
un candidato, al presentarlo como más o menos adecuado para la
era de la videopolítica.
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El escenario de la representación se
articula dentro de lo que Hall (1980) llama el "significado dominante
o preferido". No obstante, en tanto que culturalmente hegemónico,
se articula sin implicar necesariamente la existencia de una conspiración
diabólica, incluso aunque verdaderamente el escenario político
haya sido intencionadamente construido y explorado a través de
la comercialización política planificada de los candidatos
contendientes. El escenario de la representación es de hecho el
espacio en que se disputa la hegemonía cultural (Lears, 1985) y,
como tal, tiene que ser "continuamente renovado, recreado, definido
y modificado", hasta el punto de verse sometido "continuamente
a resistencias, limitaciones, alteraciones y desafíos de presiones
que le son ajenas" (Williams, 1977).
Confío en que la siguiente exposición sobre las elecciones
presidenciales brasileñas clarifique este entramado teórico,
así como algunas de sus implicaciones sobre la investigación
y el análisis de la relación entre medios de comunicación
y política.
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3. GLOBO TV Y LA POLÍTICA BRASILEÑA
El 73 por ciento de los hogares brasileños
tenían al menos un aparato de televisión en 1989 (IBGE-PNDA,
1989) y las cuatro principales cadenas nacionales de televisión
(Globo, SBT, Bandeirantes y Manchete) llegaban respectivamente al 99,39
por ciento, 89 por ciento, 87,98 por ciento y 70 por ciento de los hogares
en abril de 1989 (Imprensa, núm. 26). También en 1989, el
95 por ciento de los brasileños declaraba ver la televisión
habitualmente (ABM, 1990/91). En un país que ostenta records mundiales
de analfabetismo adulto, donde los principales periódicos tienen
una distribución media diaria de sólo 300.000 ejemplares
y donde la radio nunca ha sido un medio de comunicación de ámbito
nacional, la televisión se impuso indiscutiblemente como el principal
canal de comunicación pública desde comienzos de los años
70.
Los datos disponibles sobre las seis principales áreas metropolitanas
de Brasil a mediados del año electoral (julio/septiembre 1989)
revelan que Globo TV mantuvo una audiencia del 59 por ciento o más
en todo momento y más del 84 por ciento en los horarios punta (8,00
a 10,00 de la noche). Esa es la franja horaria del Jornal Nacional (servicio
informativo de la emisora pública) y de la Novela das Oito (melodrama
a las 8,30 de la tarde), programas que han figurado en la lista nacional
de los diez de mayor audiencia durante los últimos veinte años
(Imprensa, núm. 26). Los datos descritos implican que hablar de
los medios de comunicación en Brasil significa necesariamente hablar
de Globo TV.
Para comprender la verdadera dimensión del espacio social desproporcionado
que ocupa Globo TV en Brasil -la cuarta en sus dimensiones y la emisora
de televisión de mayor audiencia en todo el mundo- conviene recordar
que forma parte de un sólido conglomerado económico y financiero
de más de cien empresas, con unos presupuestos anuales aproximados
de 2.000 millones de dólares, bajo la propiedad y dirección
de Roberto Marinho.
El papel constitutivo de las maquinarias y regímenes de Globo TV
y su implicación directa en la vida social y política del
Brasil no es un hecho sin precedentes y ha sido ya objeto de estudios
anteriores (Lima y Ramos, 1988; Lima, 1988; Lima, 1990).
En relación con las elecciones presidenciales de 1989 no resulta
difícil identificar la postura del imperio Globo. A través
de la postura editorial del periódico O Globo, su tradicional portavoz
oficial, el grupo Globo se opuso claramente a las candidaturas progresistas
de Leonel Brizola y de Luiz Inacio Lula da Silva y elaboró un perfil
explícito y público de su candidato conservador ideal. A
finales de julio de 1989, Robert Marinho concedió una entrevista
al periódico Folha de Sao Paulo (26-7-89) en la que, si bien aduciendo
que aún no había tomado una decisión definitiva,
declaraba su clara preferencia (es decir, la del grupo Globo) por Fernando
Collor de Melo (Eich, 1989).
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Collor de Melo tenía sólo 39
años en aquel momento. Joven, bien parecido, atleta con cinturón
negro de karate, titulado en periodismo y casado en segundas nupcias con
una mujer de 23 años. Hijo y nieto de miembros de la elite política
tradicional del sur y del nordeste del país, había sido
nombrado por el régimen militar, en 1978, alcalde de Maceio, capital
del Estado de Alagoas. En 1982 fue elegido para el Congreso por el partido
político PDS, que había expresado su apoyo a los militares.
Tras pasar al partido PMDB, fue elegido gobernador de Alagoas y tomó
posesión de su cargo en marzo de 1987. Collor mantenía fuertes
vínculos con el grupo Globo desde 1978, cuando llegó a ser
presidente del imperio regional de medios de comunicación propiedad
de su padre -La Organización Arnon de Mello-, el mayor grupo multimedia
de Alagoas, que controla el principal periódico del Estado (A Gazeta
de Alagoas), trece emisoras de radio y la TV Gazeta, afiliada a la cadena
Globo TV. El hermano de Collor fue durante varios años director
regional de Globo TV en Recife y Sao Paulo. El propio Marinho ha sido
socio del padre de Collor en la adquisición de los terrenos donde
se levantaría el primer edificio de Globo TV, en Río de
Janeiro. Collor, por consiguiente, era un periodista y un ejecutivo de
la industria de la telecomunicación que tenía lazos comerciales
y personales (familiares) con el imperio del Globo. No fue una sorpresa,
por tanto, que el proceso electoral revelara que el apoyo del grupo Globo
a Collor no se limitase a la línea editorial, sino que se reflejase
en acciones concretas del imperio Globo y de sus aliados económicos
y políticos (Lima, 1990).
La frágil democracia brasileña sugiere la constitución/
reflejo de un escenario político de representación en el
que las maquinarias y regímenes de los medios de comunicación
(especialmente la televisión) funcionan no sólo dentro de
su propia lógica, sino dentro de la lógica de un compromiso
público de apoyo a un candidato, por parte del mayor grupo de empresas
de comunicación del país.
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4. LA CONSTRUCCIÓN DEL ESCENARIO POLÍTICO
a) Las novelas
La discusión sobre la enorme importancia
del melodrama y de las novelas (a través de la radio y la televisión)
en las sociedades latinoamericanas y concretamente en Brasil es un tema
que sobrepasa los límites de este estudio. Las novelas de Globo
TV son un espacio privilegiado para el conocimiento de la construcción
del escenario político en que se produjeron las elecciones presidenciales
de 1989. Estas son cuatro de las razones específicas que explican
su importancia: 1) el espacio de las novelas en la programación
normal de Globo (mínimo de cuatro horas diarias); 2) sus excepcionales
niveles de audiencia (una media superior al 70 por ciento en la novela
de la hora punta, la de las 8,30 de la tarde); 3) la naturaleza transclasista
de la audiencia, nacional y dividida en diversas categorías sociales,
grupos de edades, grupos de renta y profesiones; y 4) su inmenso poder
para constituir y organizar una representación específica
de la realidad.
Los estudios han mostrado hasta qué punto las novelas son una ficción
administrada. Siguen las reglas de la producción cultural industrial
y están sometidas a una serie de limitaciones: intereses comerciales
tales como su propia comercialización, creación de banda
sonora (nacional e internacional), publicidad; respuestas del público,
medidas cada día mediante encuestas y estudios especializados;
características de los autores (escritores de guiones), actores
y productores. Globo TV produce sus propias novelas y monopoliza a sus
autores, directores y autores al mantenerlos bajo contrato permanente.
Las novelas tienen normalmente dos autores y pueden llegar a tener hasta
cuatro directores diferentes y dos o tres equipos de producción.
El resultado de todo este complejo proceso es un bricolage, un producto
fragmentado. Una vez establecido el tema básico, el control del
desarrollo narrativo escapa de las manos de los autores, actores, productores
y público. (Algunos autores, especialmente los que todavía
logran escribir el guión completo, conservan cierto nivel de control.)
El público también interviene en el proceso, pero sólo
en el marco de estrechas posibilidades narrativas, sin producir verdaderos
cambios en el tema previamente definido (Mattelart y Mattelart, 1990,
orig. 1987; Ortiz y otros autores, 1989).
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La cuestión es quién decide
el tema de la novela y los planes de programación.
O en qué franja horaria de la programación y en qué
fecha tendrá lugar su emisión (las novelas duran una media
de seis meses).
Los autores con contrato (y otros) presentan un resumen de las novelas
a desarrollar. Todos los resúmenes siguen el patrón de la
narrativa melodramática pero varían en su contenido temático.
Según Ortiz y otros autores (1989), en el proceso de decisión
intervienen: a) el departamento comercial; b) el director de producción
de programas; y c) la direçao geral de Globo TV (nivel superior
de decisión).
El punto de vista de este estudio es que la elección del contenido
temático de la novela es un elemento clave en la construcción
del escenario político. Al igual que sucede con cualquier otro
producto cultural industrializado, las novelas son estructuralmente similares
pero establecen prioridades diferentes y contribuyen a constituir/reflejar
diferentes escenarios políticos en función de su distinto
énfasis temático. Eso es lo que sucedió en las elecciones
presidenciales de 1989. En los años 1988 y 1989 hubo dieciocho
novelas en pantalla en Globo TV, en diferentes franjas horarias. Cinco
de ellas se exhibían por segunda o tercera vez, a primeras horas
de la tarde; y una de ellas -algo realmente poco habitual y extraordinario-
se emitía por segunda vez, aunque acababa de ser presentada por
primera vez.
Tres novelas concretas, programadas de forma consecutiva o simultánea
durante los años 1988 y 1989, tuvieron un papel central en la construcción
del escenario político. Eran: Vale Tudo (Todo vale), a las 20,30,
que estuvo en pantalla durante casi ocho meses, desde el 16 de mayo de
1988 hasta el 8 de enero de 1989; O Salvador da Patria (El salvador de
la patria), a las 20,30, que se presentó durante más de
siete meses, del 9 de enero al 16 de septiembre de 1989, y Que Rei sou
eu? (¿Qué rey soy yo?), a las 19,00, que también
estuvo en pantalla durante más de siete meses, del 13 de febrero
al 16 de septiembre de 1989, y volvió a ofrecerse en un horario
especial, a las 5 de la tarde, poco utilizado para la emisión de
novelas, a partir del 22 de octubre de 1989 y hasta enero de 1990.
Directa o indirectamente, en el tema narrativo básico de las tres
novelas Brasil era reflejado como el reino de la corrupción política
regido por los políticos profesionales, y la política como
un espacio social contaminado.
En estas novelas, la solución a los problemas del país en
ningún caso podía provenir del mundo de los políticos
o de la política tradicional, sino sólo de fuera, ya que
los políticos tradicionales estaban irremediablemente perdidos.
Un estudio sobre esas tres novelas, publicado antes de las elecciones,
muestra cómo "sin distinción ninguna, cualquier actividad
política de cualquier tipo, el Estado, políticos y funcionarios
públicos, eran identificados con la corrupción, el despilfarro,
la incompetencia, la falta de trabajo y el corporativismo. Debido a esas
identificaciones, toda política empezó a ser vista como
una actividad contraria a los intereses de los ciudadanos. Los funcionarios
públicos del Estado, políticos y trabajadores eran globalmente
transformados en maharajah (1) y, por tanto, en enemigos de la sociedad"
(Rubim, 1989).
La descalificación de los políticos y de la política
por parte de los medios de comunicación no se limitaba a la televisión
o las novelas. De hecho, se trataba de un proceso de largo alcance, ya
detectado por los estudiosos de las ciencias políticas en Brasil
(Campello de Souza, 1989). Dicha descalificación contribuyó
a la construcción del escenario político para el lanzamiento
nacional de un forastero, un joven, desconocido y moderno héroe,
salvador de la patria, que finalmente pudiera ganar las elecciones presidenciales
de 1989:
Collor de Melo.
b) La información y las encuestas
Con un profético título, One man's
political views color Brazil's TV eye (Las opiniones políticas
de un hombre dan color a la TV brasileña), The New York Times publicó
el 2 de enero de 1987 fragmentos de una entrevista con Roberto Marinho,
en la que éste, refiriéndose al noticiario vespertino de
Globo TV, Jornal Nacional, decía: "Damos toda la información
necesaria, pero nuestras opiniones dependen de un modo u otro de mi carácter,
de mis convicciones y de mi patriotismo. Yo asumo la responsabilidad de
todas las cosas que dirijo" (Riding, 1987). Marinho cumplió
su palabra: Jornal Nacional y el resto de los programas informativos de
Globo TV (así como el periódico O Globo) no sólo
reflejaban sus creencias políticas personales, sino que, además,
concedían cada vez más espacio al candidato conservador
que estaban apoyando.
La construcción del escenario político por y a través
de las noticias de Globo TV tuvo cuando menos dos aspectos: la desproporcionada
cobertura favorable otorgada a Collor en comparación con todos
los demás candidatos; y la publicación semanal (o la omisión)
de las estimaciones de encuestas sobre los candidatos en cabeza, que tendrían
que enfrentarse en la segunda vuelta electoral.
b.1) La cobertura informativa colorista
Es sabido que, nada más tomar posesión
de su cargo como gobernador de Alagoas, en marzo de 1987, Collor fue objeto
de cobertura nacional y Globo TV desplazó un enviado especial de
Brasilia a Maceio para cubrir la región en mayo de 1988. Entre
los meses de marzo y mayo de 1988, Collor apareció también
en los programas informativos de horas punta de Globo TV, tales como Globo
Reporter (de 60 minutos, similar al de la CBS) y Fantástico (programa
informativo semanal, los sábados por la noche). Hay datos que indican
que la presencia de Collor en todos los programas informativos de Globo
TV, entre julio y agosto de 1989, fue significativamente superior a la
de cualquier otro candidato (Lima, 1990).
La desproporcionada cobertura favorable otorgada a Collor era un hecho
público y notorio, hasta tal punto que se convirtió en un
tema de campaña denunciado al menos por cuatro candidatos: Brizola
y Lula (progresistas); Ulisses (centrista); y Aureliano Chaves (conservador).
De hecho, el apoyo público de Marinho a la candidatura de Collor
(julio) era evidente por sus excesivas apariciones y por la pura y simple
exclusión de incidentes electorales negativos. Los estudios realizados
por Lima (1990) en la Universidade de Brasilia durante los meses anteriores
a las dos vueltas electorales también respaldan este argumento.
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b.2) El ganador anticipado
Desde mediados de abril, cuando Collor sobrepasó
a Brizola y se informó que ocupaba la primera posición,
las encuestas de intención de voto llevadas a cabo por el IBOPE
(Instituto Brasileño de Opinión Pública), contratadas
por Globo y hechas públicas en Jornal Nacional, ocuparon un papel
central en la cobertura informativa del proceso electoral. Al haberse
mantenido Collor en la primera posición en los resultados de las
encuestas publicadas desde el mes de abril (es decir, siete meses antes
de la primera vuelta), el interrogante que se planteaba en el escenario
político construido por Globo era: "¿Quién será
el contendiente de Collor?". Los resultados de las encuestas se hacían
públicos si uno de los ganadores de la primera vuelta estaba ya
determinado y, de este modo, Collor se alzaba públicamente como
ganador. Lima (1989) sugiere dos cuestiones relacionadas con las encuestas
electorales: la posibilidad del efecto vencedor y la seria cuestión
ética que ligaba a Collor con Globo y con IBOPE, ya que IBOPE tenía
un contrato con Globo y también asesoraba voluntariamente a Collor.
En mayo de 1990 se publicó un estudio realizado en nueve estados
del Nordeste de Brasil por el IPESP (Instituto de Investigación
de Pernambuco) y por el programa de ciencias políticas de la Universidad
Federal de Pernambuco. Entre otras conclusiones, quedaba claro que "las
encuestas influyeron directamente sobre las decisiones de los votantes.
Aproximadamente un 41,5 por ciento de los entrevistados revelaron que
se sentían muy o bastante influidos por los resultados de las encuestas.
Un 43 por ciento piensa que los resultados de las encuestas son muy importantes
a la hora de elegir a un candidato con oportunidades reales de ganar.
La influencia de las encuestas es mayor, no obstante, entre las personas
con un nivel de escolarización más bajo: un 44,2 por ciento
de las personas con estudios primarios reconocía su influencia,
mientras que entre los votantes con título universitario sólo
reconocía su influencia un 21,1 por ciento (Lins, 1990).
c) La mercadotecnia política (2)
Se han hecho diversos cálculos sobre
el presupuesto total de la campaña de Collor. Todos ellos son,
no obstante, muy elevados en comparación con los de cualquier otro
candidato. Eduardo Collor de Melo, primo de Collor y uno de los coordinadores
de su campaña, calculaba en junio de 1989 los gastos totales de
la campaña en aproximadamente 1.000 millones de dólares.
La revista especializada Midia & Mercado (Medios & Mercado) estimaba
solamente los costes directos de comercialización en cerca de 130
millones de dólares según un cálculo moderado, y
el coordinador de mercadotecnia de la campaña de otro candidato
estimaba dichos costes entre los 250 y los 400 millones de dólares.
La información disponible indica que al menos desde diciembre de
1987, Collor y su círculo de allegados trabajaban con el objetivo
de convertirle en un candidato presidencial viable. Collor buscó
y logró cobertura nacional en los medios de comunicación
incluso antes de tomar posesión como gobernador de Alagoas. En
épocas diferentes contrató una empresa de encuestas (Vox
Populi); una agencia de planificación económica y asesoría
financiera (ZLC); cuatro agencias de publicidad (Saldiva & Associados
en 1988; Setembro, DNA y Opçao en 1989), y un servicio informático
(CAP Software).
Collor sabía, por diferentes encuestas de opinión pública,
que la corrupción administrativa estaba considerada como uno de
los peores problemas sociales del país. Comenzó a explorar
esa cuestión como candidato a gobernador en 1986 y fue elegido
por llevar a cabo una campaña moralista con el apodo de el cazador
de maharajah. Consciente asimismo de que los políticos profesionales
habían sido durante años el centro de la desconfianza popular
en sucesivas encuestas de opinión (Lima, 1984), Collor dio pasos
para construirse la imagen pública de un forastero; es decir, la
imagen de alguien que practica la política sin ser un político
profesional.
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Los resultados de la vasta estrategia de mercadotecnia
política de Collor no tardaron en hacer su aparición. En
una encuesta nacional de opinión pública sobre la imagen
de los nuevos gobernadores, realizada por Vox Populi a finales de junio
de 1987, en la respuesta a la pregunta "¿A qué gobernador
admira más?", Collor recibió un 12 por ciento de las
respuestas favorables, mientras que los gobernadores de los poderosos
estados de Río de Janeiro y Sao Paulo obtenían un 7 por
ciento y un 8 por ciento. En enero de 1988 Vox Populi llevó a cabo
otra encuesta nacional sobre temas políticos y electorales. Según
el Jornal do Brasil, los maharajah ocupan un capítulo entero en
el informe de Vox Populi. La lucha contra ellos fue seleccionada por quienes
conocían a Collor como su principal cualidad positiva.
Los resultados inmediatos del informe de Vox Populi fueron la producción,
por parte de la agencia publicitaria Saldiva & Associados, del programa
radiofónico y televisivo anual de 1988 del Partido da Juventude
(Partido de la Juventud), que sería emitido en mayo por todas las
emisoras de radio y televisión. Collor estaba todavía afiliado
al partido PMDB y aparecería durante 47 minutos en el programa
de una hora de duración, como estrella invitada (3). El juez electoral
del Tribunal Regional Electoral (TRE) de Río no permitió
que el programa de televisión mostrase al entonces gobernador de
Alagoas, pero no prohibió que el programa se emitiera por la radio.
Collor hablaba insistentemente sobre la lucha contra los maharajah; recordaba
"no tener el estilo ni el modelo de un político profesional";
insistía en su juventud, "como el 65 por ciento de la población
brasileña que es menor de 45 años", y afirmaba que
"hoy en día el problema brasileño es una cuestión
moral y la moralización de los servicios públicos de este
país no está recibiendo la atención debida".
Además de referirse a la necesidad de una reforma administrativa,
Collor hacía referencia también al tema de la privatización,
que posteriormente pasaría a ocupar una posición central
en su discurso como candidato.
El programa anticipaba una práctica que se repetiría en
1989; a saber, la legalmente dudosa aparición de Collor en el programa
radiofónico y televisivo anual de partidos políticos a los
que ni siquiera estaba afiliado (4). También señalaba la
total conjunción entre, por una parte, el discurso y la estrategia
de mercadotecnia de Collor y, por otra parte, las conclusiones de las
encuestas y el escenario político que se estaba construyendo en
los medios de comunicación para las elecciones de 1989.
Setembro (agencia de publicidad) supervisó la producción
del siguiente programa, que sería emitido en el mes de mayo, y
comenzó por cambiar el nombre del propio partido: del PJ al PRN
(Partido de Reconstrucción Nacional). Aunque las encuestas indicaban
que el nombre del partido no era importante para los votantes, el nuevo
nombre se creó en laboratorio, en base a las características
con las que Collor pretendía identificarse. El programa del PRN
se creó con una lógica televisiva, incluso con pausas comerciales.
El programa mostraba a Collor hablando sobre la crisis moral, política
y ética y, por supuesto, criticando a los malos políticos
y a los maharajah. Las palabras insistentemente utilizadas por Collor
eran: carácter, dignidad, honor, coraje y justicia.
El dinero, la audacia y los agujeros existentes
en las leyes electorales le permitieron seguir recurriendo a esa estrategia.
El siguiente programa de radio y televisión utilizado sería
el del oscuro y desconocido PTR (Partido del Trabajo Renovador), en abril.
El objetivo esta vez era enseñar el Brasil del éxito y mostrar
a Collor "al estilo de Indiana Jones, predicando sus ideas en pantalón
vaquero y camiseta deportiva (...)". Las palabras clave del programa
eran las mismas que antes, añadiendo un nuevo lema, austeridad.
"Queremos un nuevo Brasil", cantaba un coro de jóvenes.
La petición, hecha por Liminar, de suspensión de los siguientes
programas anuales de radio y televisión del PCS (Partido Cristiano
y Social), apoyada por el PDT de Brizola (Partido Democrático del
Trabajo), fue rechazada por el Tribunal Superior Electoral (TSE) y la
estrategia fue nuevamente repetida. La estrella de la televisión
Mayra Magri, o Camila, la chica con problemas de la novela O Salvador
da Patria, fue la atracción principal del programa, en el que Collor
abordaba temas como la ecología, el déficit público,
la corrupción y la ética. En un comentario sobre el programa
del PSC, el diario Folha de Sao Paulo afirmaba: "es evidente que
Collor se ha consolidado ya como representante del discurso de la eficacia
privatizadora".
La siguiente encuesta del IBOPE hecha pública por el Jornal Nacional
de Globo TV consolidaba a Collor en la primera posición con el
43 por ciento de las intenciones de voto, casi cuatro veces por encima
del 11 por ciento de Brizola y más de cinco veces por encima del
8 por ciento de Lula. La popularidad de Collor se atribuía a las
siguientes cuestiones, por este orden: su relación con la juventud
y con los jóvenes; su coraje y decisión; su lucha contra
los maharajah; el éxito en el Gobierno de Alagoas y la oposición
al Gobierno federal. La posición de Collor era tan holgada que
declinó participar en debates televisivos promovidos por las emisoras
Bandeirantes y Manchete (no controladas por Globo) antes de la primera
ronda electoral del 15 de noviembre.
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La campaña de Collor fue producida
en el marco de una coherente estrategia de creación de imagen,
en la que había de todo: desde sus gestos (los dedos en forma de
v en señal de victoria), o su discurso (mi pueblo), hasta los colores
(los de la bandera nacional) y la música a su alrededor.
Durante toda una semana fue formado con un vídeo del U.S. National
Education Media Center producido por Jack Valenti -antiguo asesor de la
Casa Blanca y director de cine de Hollywood-, sobre la forma de hablar
con confianza y estilo. Bajo la supervisión de Setembro, las agencias
de publicidad DNA y Opçao produjeron los programas radiofónicos
y televisivos de los partidos PRN, PTR Y PSC, así como los programas
utilizados en los espacios gratuitos de radio y televisión, concedidos
a todos los candidatos por el Tribunal Superior Central, de acuerdo con
la ley, a partir del 15 de septiembre. Esas dos agencias publicitarias
tenían también a su cargo la producción de más
de 108 productos políticos comerciales de todo tipo, entre ellos
emblemas, pegatinas, insignias, anuncios, carteles, manuales, etc.
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5. EL ESCENARIO DE REPRESENTACIÓN
Hacia el mes de junio ya estaba constituido el escenario
político en que iban a representarse las elecciones presidenciales
brasileñas de 1989. Las novelas, los informativos, las encuestas
y la mercadotecnia política eran las maquinarias y regímenes
en los que se produjo dicha constitución. Ahí estaba el
propio escenario televisivo, que valoraba los atributos que se conformaban
a una lógica de los medios de comunicación, incluidos los
atributos de juventud, belleza, modernidad, deportividad y coraje. Estaban
también los elementos específicos del escenario político.
La narrativa de las novelas retrataba a la política y a los políticos
como negativos. El Estado era interpretado como corrupto e ineficaz, lo
mismo que los funcionarios públicos. Los programas informativos
de Globo TV eran fieles a las creencias políticas del magnate Roberto
Marinho y llamaban al país a unirse en el apoyo a Collor, que era
representado como moderno, como optimista, como un forastero. La crisis
de los países del Este de Europa en 1988-89, cubierta diariamente
por los informativos de televisión, proporcionaba el trasfondo
ideal para reforzar el discurso de la elevación de la privatización
sobre el socialismo. A través de los ojos de los medios de comunicación,
el fin de la historia anunciado por Fukuyama estaba a la vista.
Este era el escenario de representación en el que Collor fue lanzado
a escala nacional a través del Jornal Nacional y mediante el uso,
legalmente dudoso, de los programas anuales de los partidos PJ, PRN, PTR
Y PSC. Guiado por las encuestas de opinión, Collor, el político
profesional, hijo y nieto de políticos, fue capaz de crear una
imagen de sí mismo como el forastero moralista que lucha contra
la corrupción (los maharajah y el Gobierno federal). Como deportista
joven y bien parecido, se ajustaba también a los modelos televisivos
de deseo y placer.
Collor predicaba la privatización del Estado en nombre de la eficacia
y la modernidad, abriendo camino a las alianzas que le convertirían
en una figura aceptable para el bloque histórico dominante en Brasil.
Finalmente, hay que subrayar que, aunque este escenario de representación
fue construido durante un largo periodo de tiempo y estaba perfectamente
constituido ya a mediados de 1989, no se habría podido mantener
en pie por sí sólo. Como estructura de predominio, su mantenimiento
exigía una lucha permanente y compleja. Como ya se ha señalado,
los escenarios de representación operan en el espacio de la construcción
hegemónica y, por consiguiente, tienen que ser continuamente renovados,
recreados, definidos y modificados, por estar sometidos continuamente
a resistencias, limitaciones, alteraciones y desafíos. Collor,
el candidato de la elite, ganó las elecciones en la segunda vuelta
con aproximadamente un 43 por ciento de los votos emitidos, pero Lula,
su contendiente, un dirigente obrero, obtuvo el 38 por ciento del total
de los votos. Esos 32 millones de personas que votaron por Lula luchaban,
evidentemente, por un escenario político contrahegemónico
y, dada la tradición política elitista del Brasil, suponen
un logro extremadamente importante que, para ser comprendido en su integridad,
ha de ser estudiado seriamente.
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CONCLUSIONES
Del argumento aquí planteado pueden deducirse
algunas conclusiones básicas. La primera de ellas es de carácter
teórico, con implicaciones en la investigación sobre la
relación entre medios de comunicación y política;
la segunda es de carácter legal, relacionada con las leyes electorales
y de comunicación existentes en Brasil y con el funcionamiento
de la justicia electoral; y la tercera es de carácter político,
sobre la reconsideración de la naturaleza de la democracia que
debe construirse en Brasil y en otros países de América
Latina.
1) Si mi argumento es correcto, una vez más
pondría de manifiesto que el análisis del mensaje de los
medios -la programación-aislado de su contexto, tiene escasa o
nula validez. Stuart Hall nos advierte que no puede existir teoría
de la comunicación al margen de: "a) la teoría social
general; b) una teoría cultural desarrollada; y c) un modelo de
formaciones sociales con una base histórica adecuada". Las
teorías en las que no se dan esas condiciones siguen siendo sociológicamente
inocentes (Hall, 1989). En el caso de las elecciones brasileñas
de 1989, un analista que trate de comprender el papel de los medios de
comunicación en la victoria de Collor mediante un estudio de la
campaña política (que normalmente se considera limitada
a los programas gratuitos de radio y televisión en los que se presentan
los programas de los candidatos, realizada después del 15 de septiembre),
corre el riesgo de concentrarse en el tema equivocado.
Una cuestión que podría plantearse sobre ese tipo de análisis
es que no sigue la actual tendencia investigadora y teórica, en
la que el eje del análisis se desplaza de la producción
del mensaje a su recepción, es decir, al proceso de construcción
de significado por parte del público. ¿Cómo reconciliar
el retorno del concepto de los medios de comunicación como poderosos,
con el redescubrimiento de la audiencia activa o de la resistencia cultural?
La noción de el/un escenario de representación que se plantea
en este documento permite una visión dialéctica del papel
de los medios de comunicación como reflexivo y constitutivo al
mismo tiempo.
En el caso de la relación entre televisión y elecciones,
los resultados electorales son el indicador más preciso de la construcción
de significado por parte de los electores, es decir, de su respuesta cognoscitiva
global y de su actividad como audiencia de los medios. Por otra parte,
Brasil es un país que ha saltado de un estado pregutemberguiano
(muy bajos niveles de alfabetización y de difusión de medios
de comunicación impresos) a un estado en el que predomina la más
avanzada sofisticación técnica de imágenes. Poco
o nada es lo que se conoce sobre los efectos cognoscitivos de este salto
de los medios. También hay que recordar que una audiencia activa
no necesariamente significa una audiencia crítica ni es indicio
de resistencia (Sholle, 1990) y que la construcción de significado
sólo es posible dentro de los límites estructurales del
proceso hegemónico (Hall, 1980).
2) El estudio de las elecciones de 1989 puso claramente de manifiesto
que las leyes electorales brasileñas tienen serios agujeros. Por
ejemplo: existe la posibilidad de que un solo candidato utilice los programas
anuales de los partidos en las emisoras nacionales de radio y televisión
para hacer promoción de su carrera presidencial; la posibilidad
de que la misma empresa de encuestas de opinión pública
trabaje al mismo tiempo para una cadena de televisión y para uno
de los candidatos; existe la posibilidad de que los resultados de las
encuestas electorales puedan favorecer a un candidato determinado; no
existe derecho de réplica fuera del tiempo electoral gratuito en
radio y televisión, como por ejemplo en los programas informativos.
A todo ello hay que añadir la increíble lentitud del Tribunal
Superior Electoral para llegar a una decisión final en el juicio
de cuestiones fundamentales planteadas durante el proceso electoral.
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Las elecciones de 1989 pusieron de manifiesto la
urgente necesidad de democratizar la legislación sobre comunicación.
La nueva Constitución brasileña de 1988 (título VIII,
capítulo V) proporciona algunos instrumentos que podrían
mejorar la situación existente: prohíbe la existencia de
monopolios u oligopolios en los medios de comunicación; establece
la complementariedad entre los sistemas públicos, privados y estatales
de comunicación; establece la regionalización de la producción
cultural, artística y periodística; y establece la creación
de un Consejo de Comunicación Social como organismo auxiliar del
Congreso Nacional. En la actualidad, tanto en el Senado como en la cámara
de representantes han sido presentados proyectos de ley con los que se
pretende regular esas disposiciones constitucionales. La esperanza reside
en que dicha regulación sea operativa y que los avances de la nueva
Constitución no se conviertan en letra muerta, como ha sido tradicional
en Brasil.
Es importante, llegados a este punto, con-siderar algunas de las implicaciones
de nuestra argumentación sobre los espacios electorales gratuitos
(HEG). Es indudable que el HEG sigue siendo una parte importante del proceso
electoral, especialmente para los partidos pequeños. El hecho de
que Lula fuese capaz de duplicar (del 7 al 14 por ciento) las intenciones
de voto en relación con su candidatura durante el tiempo de HEG
en la primera ronda electoral, es representativo de su importancia.
Actualmente existe en el Congreso Nacional un debate entre los propietarios
de licencias de emisión pública y los partidos políticos,
sobre las posibles alternativas en la legislación sobre el HEG.
Tiene que haber un modo mejor de incorporar información política
vital a los hábitos de visión de las audiencias radiofónica
y televisiva.
3) Finalmente, las elecciones brasileñas de 1989 conducen a una
reconsideración del concepto de democracia. ¿Qué
tipo de democracia es posible en las culturas con-temporáneas,
donde los medios ocupan una posición central, es decir, sociedades
donde la construcción de escenarios políticos se ve necesariamente
reflejada/constituida por dichos medios, especialmente por la televisión?
¿Es la elección de Collor la referencia paradigmática
para comprender los procesos electorales en otros países latinoamericanos
(Perú, por ejemplo), al igual que el golpe militar brasileño
de 1964 estableció un precedente en todo el Cono Sur (Munck, 1989)?
Pese a todas las diferencias existentes, Brasil y otros países
latinoamericanos comparten una característica común: son
culturas de consumo transnacional donde los medios de comunicación
ocupan una posición clave. La posición central de la televisión
comercial en toda América Latina unifica sociedades por otra parte
totalmente distintas, en cuanto que todas ellas están dominadas
por maquinarias y regímenes que constituyen y reflejan escenarios
de representación en los que los ciudadanos de dichos países
viven y encuentran sentido a sus vidas. Incluso aunque existan diferentes
historias y tradiciones entre las culturas latinoamericanas, la extendida
adopción de la televisión privada y sus escenarios comerciales/consumistas
parecen apuntar hacia una desintegración de la diferencia y hacia
la adaptación de un método de práctica política
que hace urgente una intensificación de la lucha por una ciudadanía
crítica.
La democracia, en las culturas contemporáneas donde los medios
de comunicación ocupan una posisión central, debe ser reconsiderada
como un proyecto político utópico a lograr en el proceso
histórico de construcción de escenarios alternativos de
representación. La subjetividad, la identidad y la política
deben constituir y reflejar la lucha hegemónica y cultural concreta
de ciudadanos capacitados, por sociedades donde prevalezcan verdaderas
diferencias y diversidades de clase, raza, género, deseo y placer.
Este es el desafío que se plantea ante quienes estudian la relación
entre medios de comunicación y política, en Brasil y en
otros lugares: ayudar a edificar una democracia donde la voluntad de la
mayoría prevalezca sobre la competencia de un escenario político
de representación construido por los medios.
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Traducción: Antonio Fernández Lera
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(*) Documento presentado ante la 41ª Conferencia Anual de la International
Communication Association, Chicago, mayo de 1991. La investigación
en la que se basa este documento es el resultado de una ayuda del Consejo
Nacional de Investigación de Brasil (CNPq). Fragmentos de este
mismo estudio,con ligeras modificaciones, fueron presentados por Venicio
A. de Lima y Susan S. Reilly con el título: "Constructing
the Political Scenario: Television, Elections, and the Quest for Democracy"
(Construcción del escenario político: Televisión,
elecciones y búsqueda de la democracia), en la 4ª Conferencia
Internacional de Estudios de Televisión, Londres, julio de 1991.
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(1) La palabra maharajah, literalmente príncipe
indio, se convirtió en una consigna durante las elecciones presidenciales
brasileñas de 1989. Collor la utilizaba para referirse al político
o funcionario público (real o imaginario) bien pagado, que vivía
tan pródigamente como un príncipe indio sin gran esfuerzo.
Los maharajah se convirtieron en el enemigo público número
1 y Collor en el cazador de maharajah. Ya el 23 de marzo de 1988 (veinte
meses antes de la primera ronda electoral), Veja, el semanario más
popular de Brasil, anunciaba en portada un reportaje de siete páginas.
La portada incluía una gran foto de Collor con este titular: "Collor
de Melo - El cazador de maharajahs".
(2) Esta sección se basa en un análisis mucho más
detallado de las técnicas de mercadotecnia de Collor (Lima, 1990).
Todos los datos y referencias bibliográficas figuran en dicho análisis.
(3) Las leyes electorales de Brasil (Ley 4.737/65 y Ley 5.628/71) exigen
a las emisoras de radio y televisión (que son concesiones estatales)
la emisión anual gratuita de un programa de una hora de duración
sobre los principios y proposiciones de cada partido. Las leyes son muy
claras, no obstante, al afirmar que dichas emisiones anuales no pueden
ser utilizadas para promover a ningún candidato concreto a ningún
cargo público. Además, durante los sesenta días anteriores
a las elecciones, las emisoras de radio y televisión tienen que
emitir dos horas de mensajes políticos de los candidatos de todos
los partidos, de acuerdo con su porcentaje de representación en
el Congreso. Está prohibida la publicidad política pagada
en radio y televisión.
(4) El principal dirigente del poderoso partido político PMDB -el
senador Ronan Tito- denunció en una sesión pública
del Senado, en mayo de 1989, la existencia de transacciones financieras
entre Collor y los partidos PRN, PSC y PTR, a cambio de la aparición
de Collor como invitado en sus programas radiofónicos y televisivos
anuales. El partido de Brizola, el PDT, presentó inmediatamente
una moción contra Collor ante el Tribunal Superior Electoral (TSE).
En marzo de 1991 (dieciséis meses después de la primera
ronda electoral) el Tribunal todavía no había adoptado una
decisión definitiva.
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