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Expectativas para la industria
española.
Retos y potencialidades.
Carlos Cantarero |
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El Mercado Unico Europeo y la aceleración
tecnológica implican serias transformaciones e importantes desafíos
para las telecomunicaciones en España. Aun contando con interesantes
potencialidades, se precisan actuaciones decididas.
La anunciada llegada del Mercado Unico Europeo (MUE) está produciendo
fuertes convulsiones en la industria mundial de telecomunicaciones, puesto
que cambiará las reglas del juego correspondiente a un mercado
de 350 millones de consumidores, que además se encuentran entre
los más ricos del mundo, con una facturación anual que supera
los 9.000 billones de pesetas (un 43 por ciento del mercado mundial).
EL CAMBIO CONTINUO
De todas formas, con ser importante, el advenimiento
del MUE no es el único factor de cambio que experimenta este sector
industrial que está sometido, como el resto de sectores sociales,
a revisiones continuas en el significado de los propios conceptos que
lo definen.
En términos clásicos una industria se compone de personas
que tratan de satisfacer a clientes, con la colaboración de unos
proveedores, empleando conocimientos ( tecnologías ) y ayudándose
de unas máquinas. Para establecer y mantener un sistema como este
se necesita un capital, que alguien debe aportar. Por último, el
éxito de una iniciativa empresarial provoca competidores. Para
que este tipo de estructura social se desarrolle y perviva, es imprescindible
un correcto desarrollo de todos los componentes mencionados.
Cuando hace veinte años alguien empleaba el término industria,
transfería una imagen al cerebro de su interlocutor que poco tiene
que ver con su equivalente actual, el cual dejará asimismo de ser
válido en unos pocos años. Este concepto de cambio continuo
es decisivo para entender lo que está aconteciendo en nuestro sector
industrial.
Para hablar de las expectativas del sector industrial tenemos que entender
y anticipar el significado, al día de hoy, de sus constituyentes
ya mencionados.
Sobre conocimientos o tecnologías no es necesario añadir
más comentarios a las miles de páginas de texto impreso
que se dedican a ponderar las maravillas inherentes a los avances que
se producen diariamente. Pero atención, estas ventajas lo son,
en general, para los usuarios y, en particular, para las industrias que
pueden acceder a esos avances. Recordemos que muchas industrias han desaparecido
a causa de ese rápido progreso. Mantener dicho ritmo supone fuertes
desembolsos de capital e I+D, corta vida de las máquinas y costoso
reentrenamiento o renovación de las personas.
Dado que los precios asociados a las nuevas tecnologías deben ser,
a igualdad de prestaciones, más baratos (en otro caso no tendría
sentido cambiar); la carrera sólo se puede mantener a base de economías
de escala con una dimensión de industria cada vez mayor. Estas
son las razones que han motivado a los responsables de la CEE a establecer
las condiciones legales necesarias para construir el MUE, tratando así
de posibilitar que la industria europea disponga de un caldo de cultivo
similar al que disfruta desde hace tiempo la norteamericana, por razón
de su enorme mercado interior, y la japonesa, por haber comenzado este
proceso espiral de crecimiento antes que nadie.
La pregunta es inevitable: ¿Cuáles
son las oportunidades que se le ofrecen a la industria española,
dentro de este nuevo contexto?.
Estas sanas inquietudes, entre otras similares relativas a otros agentes
sociales involucrados en telecomunicaciones, han motivado la ejecución
de un estudio de estrategias para tratar de buscar las respuestas más
adecuadas.
Desde principios de 1990, bajo el auspicio de Fundesco y de los principales
organismos públicos y privados, un equipo multidisciplinar compuesto
por más de una docena de técnicos con experiencias diversas,
nos hemos reunido periódicamente para reflexionar, discutir y elaborar
un estudio titulado "Consecuencias del MUE para la Industria y los
Servicios de Telecomunicación en España".
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Quiero dejar constancia de que, como es lógico
suponer, las ideas de este escrito se corresponden con mi personal interpretación
de las conclusiones del equipo, y que no voy a caer en la tentación
de limitarme a enumerar dichas conclusiones para responder a la pregunta
planteada. Por el contrario, creo más útil para el lector
el comentar ciertos aspectos que dentro de un estudio profesional y aséptico
pueden no quedar suficientemente enfatizados.
Antes de entrar a responder la pregunta, conviene primero hacer algunas
reflexiones para clarificar nuestra visión del entorno, por más
que ellas anticipen conclusiones a las que llegaremos posteriormente de
manera más estructurada.
Resulta para todos evidente que la sociedad española no puede permitirse
el lujo de renunciar a las ventajas competitivas que para el resto de
los sectores económicos como Turismo, Agricultura, etc. representan
las nuevas tecnologías de telecomunicaciones. Por supuesto, a un
coste equiparable al de otros países. En consecuencia, no podemos
volver a pensar en medidas proteccionistas.
Las inversiones que serían necesarias para mantener la carrera
tecnológica de manera autóctona son muy elevadas, resultando
además tremendamente arriesgadas en cuanto a su rentabilidad potencial,
ya que los resultados positivos de una investigación o desarrollo
no están garantizados. La adquisición o compra de derechos
de nuevas técnicas suele ser ruinosa, dada la velocidad en la evolución;
y sólo la garantía de acceso, en plazos muy breves, a enormes
mercados de que disponen los competidores globales ya asentados les permite
seguir adelante. Varias empresas españolas han pagado caro el aprendizaje
de este axioma.
Para cerrar este balance negativo, conviene añadir que los competidores
que encontraría una industria completamente autóctona con
vocación global no van a jugar limpio de acuerdo con las teóricas
reglas del libre mercado. Basta con darse cuenta de que el sector industrial
español de electrónica representa en volumen de producción
el 4 por ciento del sector en Europa, y el 1 por ciento del mundo aproximadamente.
Para los grandes fabricantes mundiales asfixiar una industria local de
esta dimensión, sobre todo en un marco desprovisto de proteccionismo,
sería muy simple.
RESPONDER A LOS RETOS
PLANTEADOS
Las esperanzas y las posibilidades reales de construcción
de una postura sólida para el sector proceden, curiosamente, de
la constatación clara de su pequeño tamaño a nivel
mundial y de una explotación adecuada de los importantes aspectos
positivos de los que sin duda disfrutamos, entre los cuales el más
significativo es el contar con personas formadas y capaces.
Paso ya a comentar nuestras respuestas, nuestras recomendaciones de actuación.
Según las metodologías al uso en Planificación Estratégica
hay dos maneras eficaces de hacer frente a los retos anteriormente planteados:
- Configurarse como un competidor global haciendo
frente a los pocos gigantes mundiales que van quedando en el sector.
- Trabajar en nichos especializados; temas concretos en donde sea posible
batir a dichos gigantes por mayor y mejor concentración de esfuerzos
y recursos.
Desde nuestra experiencia, es la primera solución
la que conlleva una mayor seguridad en la aportación de beneficios
sociales, de servicio y económicos a nuestro país.
Con una óptica limitada y de acuerdo con las afirmaciones anteriores
referentes al entorno, parece que esa primera solución nos estaría
vedada.
Sin embargo creemos que no es así.
Para aclarar esta afirmación comenzaremos por revisar lo que queremos
decir cuando nos referimos a la industria española.
Tradicionalmente una industria española es aquella cuyo accionariado
mayoritario es de titularidad nacional. Un capital mayoritariamente foráneo
implica la pertenencia a una multinacional. Esta es una idea ampliamente
extendida y comúnmente aceptada.
En la breve exégesis que hacíamos al principio del artículo
sobre el significado del término industria, queda suficientemente
claro que el capital es un elemento imprescindible, como otros, para el
funcionamiento de una industria, pero no el único. Es difícil
aceptar que una empresa cuyas personas, clientes, proveedores y tecnologías
están plenamente integrados en nuestra sociedad no sea considerada
industria española. Sería tanto como afirmar que el único
fruto que la sociedad obtiene de una industria es la justa e imprescindible
retribución del capital empleado.
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Claro está que conviene distinguir claramente
las empresas españolas integradas en estructuras multinacionales,
directamente o mediante un proceso de alianzas estratégicas con
transferencia de capital, de las simples delegaciones industriales o comerciales.
En los rápidos y complicados procesos de reorganización
y optimización a los que se ven sometidas las empresas globales,
la implantación o traslado de una factoría a un país
u otro depende de factores muy dinámicos relacionados con la disponibilidad
de personal cualificado a un coste adecuado, proximidad al mercado y cercanía
de centros de investigación y desarrollo. Un acuerdo político
o un contrato económico no son suficientes para garantizar una
presencia a medio o largo plazo. Lo que realmente garantiza la continuidad
de una empresa local integrada en una estructura multinacional es su propio
peso específico dentro de dicha estructura, es decir su aportación
económica, tecnológica y en términos de cantidad
y calidad de recursos humanos a la plantilla global. Una buena base en
estos aspectos sí que asegura la pervivencia, con plena salud técnica
y económica, de ese ente social que denominamos industria local.
Esta es una de las maneras más seguras de construir empresas españolas
con vocación global, que puedan aportar a nuestra sociedad un acceso
adecuado a las presentes y futuras grandes tecnologías de telecomunicación,
de manera competitiva y con un empleo optimizado de los recursos económicos
disponibles.
La segunda línea de actuación que las condiciones globales
permiten a la industria de un país como el nuestro es clara y evidente:
especializarse, ser el mejor del mundo dentro de campos industriales,
asociados a las telecomunicaciones, que podamos liderar apoyándonos
en lo que podemos y sabemos hacer con nuestros recursos actuales, olvidando
alegrías especulativas sin base, pero aprovechando al máximo
las capacidades de que disponemos. Este será un paso previo pero
muy importante, ya que su éxito industrial y comercial permitirá
en un futuro el desarrollo de nuevas y más complejas habilidades.
No debemos olvidar que la mayor parte de las potencias actuales en electrónica
e informática empezaron, no hace demasiado tiempo, simplemente
mejorando productos de otros. Hoy en día, han provocado la desaparición
del mercado de varios de sus anteriores maestros.
Un empresario que quiera aventurarse en nuestro sector mediante la especialización,
debe ser muy pragmático y ambicioso, ir poco a poco, pero aprovechar
todas las oportunidades que el mercado le ofrezca. Creo que tenemos varios
ejemplos de buen hacer en el sector.
Si entre todos los agentes sociales del sector se contribuye a generar
un clima de confianza, creándose las políticas industriales
adecuadas, manteniéndose los esquemas de inversiones en desarrollo
de infraestructuras, apoyando a la investigación y el desarrollo
orientados a la obtención de productos comercializables, creemos
que el sector tiene una capacidad de respuesta muy adecuada a los retos
que se están planteando con la apertura prevista de los mercados
europeos. Pero es importante recordar que no se trata sólo de defender
nuestro territorio tradicional básico, es decir, los operadores
e instituciones nacionales. Es importante recordar que el advenimiento
del MUE nos abre completamente el gran mercado europeo de 350 millones
de habitantes. Por lo tanto, las estrategias comerciales deben ser ambiciosas
y de largo alcance, debiendo cambiarse el tradicional objetivo de rentabilidad
a corto plazo, a favor de planteamientos a largo plazo.
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POTENCIALIDADES Y ACTUACIONES
A pesar de nuestras expectativas optimistas, tenemos
que reconocer que será probablemente inevitable el tener que abandonar
ciertos segmentos de mercado ante el empuje de los grandes competidores
globales, como nos tememos que sea el caso de la industria de terminales
no especializados ante la presión de la industria del Lejano Oriente,
situación que habrá que aceptar como un precio a pagar por
la obtención de otras oportunidades de negocio en un ámbito
ampliado.
La afirmación anterior no pretende ser un pronóstico de
mal agüero, pero es evidente que la supervivencia de las fábricas
de terminales situadas en nuestro país precisa de la aplicación
de enormes dosis de innovación para poder migrar hacia terminales
especializados de muy alta tecnología, que justifiquen precios
y márgenes comerciales razonables. Pero además, no para
atender únicamente al mercado español, puesto que con la
demanda interna no se justifica una industria de las dimensiones necesarias;
tampoco para atender ciertos mercados considerados tradicionalmente como
nuestro ámbito natural de exportación, en donde la demanda
es pequeña y poco exigente, la competencia en precios es feroz
y se cobra con dificultad; sino para vender en la CEE, EE.UU. y en el
resto de países industrializados. Países con demandas exigentes,
que saben lo que compran y sólo compran lo mejor.
No podemos terminar esta reflexión sin ceder a la tentación
de hacer una pequeña recapitulación de las características
más peculiares de nuestras industrias, tanto de las buenas como
de las malas. Unas para ser conscientes de que forman parte de sus ventajas
competitivas y otras para trabajar intensamente en su corrección.
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Lo bueno:
- Disponemos de personas con un entrenamiento adecuado
que dominan el estado del arte.
- Una base industrial competitiva y moderna.
- Magnífico conocimiento del mercado interno y buena experiencia
comercial.
- Extensas redes internas de servicio al cliente.
- Bien posicionados en importantes segmentos de mercado.
- Disponemos de equipos adaptados plenamente a las peculiaridades de las
redes españolas.
Lo mejorable:
- Capacidad de innovación en la generación
de nuevos productos.
- Redes comerciales y de servicio a nivel europeo, al menos para las industrias
no integradas en estructuras globales.
- Baja competitividad asociada a altos costes de producción, generalmente
por falta de flexibilidad en el dimensionamiento de las industrias, tanto
para disminuir en recursos productivos, cuando sobran, como para crecer
cuando hay oportunidad.
- Dependencia externa en tecnologías básicas y debilidad
en I+D, lo que dificulta que los productos fabricados en nuestro país
presenten un alto valor añadido local.
- Deficiencias de calidad en productos y procedimientos, causando incrementos
de coste que serían evitables. No sólo se producen equipos
defectuosos en ocasiones, es mucho más preocupante el que salgan
productos de la mesa de diseño con defectos de concepción,
que esterilizan, al menos parcialmente, todo el esfuerzo de desarrollo.
- Formación cíclica de los activos humanos en general, y,
sobre todo, potenciación de los profesionales que deciden permanecer
toda su vida junto a la mesa de diseño. Su experiencia, unida a
las posibilidades de las nuevas tecnologías, debe ser caudalosa
fuente de nuevas ideas y de nuevos productos. Al menos así ocurre
en otras culturas que destacan por su competencia en este terreno.
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