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Acerca
del montaje: Entre la modernidad y la vanguardia.
Rafael R. Tranche |
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El último libro (1) del profesor Sánchez-Biosca
es una arriesgada y novedosa aproximación al fenómeno del
montaje cinematográfico. El peligro de abordar un tema de semejantes
características y dimensiones es constatable si recordamos que
muy pocos investigadores actuales han sido capaces de abordar un estudio
de esta índole, encarando la abultada (y ya clásica) producción
artística, teórica o simplemente histórica que el
montaje ha generado. Este es el primer acierto del libro, su enfoque,
observando el montaje no como una operación técnica que
se despacha en la moviola y de la que se desprenden algunos trucos de
construcción, sino como un principio fundador del hecho cinematográfico;
pero también, y esto es lo más revelador, de buena parte
del pensamiento y la creación de nuestro siglo. El desarrollo del
libro planteará precisamente la interdependencia que existe entre
esas tres consideraciones del montaje. Desde este punto de vista, la existencia
de una teoría del montaje cinematográfico estaría
justificada por la posibilidad de confrontar los mecanismos de composición
presentes en las artes con los particulares del cinematógrafo y,
en consecuencia, "... esclarecer de qué modo trabaja el cine
con un principio que ... no le es exclusivo desde el punto de vista teórico
ni se agota en él". Siguiendo esta premisa, la primera parte
del libro se dedica a reelaborar las huellas del montaje (como evidencia
de la descomposición de la obra clásica) presentes de forma
manifiesta en el cubismo, el futurismo italiano y soviético y como
preocupación en las artes plásticas y escénicas.
En el plano teórico se rescatan (volviendo a las fuentes) conceptos,
nunca bien digeridos, como extrañamiento (formalistas rusos), distanciamiento
(Brecht), maquinismo (futurismo), excentrismo (FEKS), atracción
(Einstein) que a la luz del análisis aparecen coherentemente dilucidados
y relacionados.
Toda esta lectura permite enriquecer y amplificar el concepto y oponerlo
a esa corriente de autores (Dmytryk a la cabeza) que han querido ver en
el montaje un método depurado para garantizar la transparencia
y continuidad inherentes al relato cinematográfico (en una asimilación
directa y simplista con el cine clásico).
Donde el libro no incide (entendemos que por operatividad y prioridades
teóricas) es en problemas concretos derivados del montaje, como
la consideración del plano y el encuadre, la articulación
del tiempo o la construcción del punto de vista. A cambio, la segunda
parte del libro ofrece (no como traslación práctica directa)
una serie de análisis de filmes y secuencias que desvelan cómo
actúa el montaje en la práctica. En este terreno el autor
sabe sacar todo el partido a sus planteamientos, demostrando que el análisis
fílmico puede alumbrar decisivamente el trabajo teórico
e historiográfico (y de paso convertirse en una brillante reflexión
creativa). Pero eso sí, la correlación entre uno y otro
ámbito no puede ser automática: cada filme es un producto
único que establece sus propias leyes de construcción. De
ello podemos inferir aspectos genéricos que nos permiten establecer
rasgos, modelos no necesariamente ligados a los periodos y/o tendencias
que marcan ciertos planteamientos sesgados de la historia y la crítica.
Sirva esto para ilustrar las complejas relaciones que sostienen ambas
partes del libro.
Por cierto que en esa relación de secuencias estudiadas se echa
en falta algún ejemplo de la vanguardia francesa y del documental.
Con todo, la diversidad de soluciones de montaje escogidas permiten comprender
lo productivo que resulta el término. De ahí que tras el
recorrido por el montaje en acción el lector retome lo expuesto
en la primera parte no como una revisión de brillantes teorías
y manifiestos sino como un intento (fundador) de vertebrar las claves
que destilan el pensamiento y el arte de nuestro siglo. Para ello, el
autor (cuyas teorías empiezan a ser más conocidas fuera
que dentro de nuestro país) no duda en recurrir a un estilo ameno
que combina perfectamente el tono científico con las intenciones
didácticas (aunque, eso sí, con cierta tendencia a la expolición).
El libro se cierra con un reto sugerente: la promesa del autor de dedicar
un próximo estudio a los usos desintegradores del montaje en la
era posmoderna. Hasta entonces, sería interesante que esta primera
entrega desatara una saludable polémica.
(1) Teoría del montaje cinematográfico, Vicente Sánchez-Biosca,
Filmoteca de la Generalitat Valenciana, Valencia, 1991.
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