Estamos más conectados que nunca, pero ¿hasta qué punto es eso verdad? Tan cerca, tan lejos. Lea en este artículo una interesante reflexión sobre cómo pueden afectar las nuevas tecnologías a nuestras relaciones.
¿Son las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) responsables de nuestra mayor autonomía y por extensión, de un mayor individualismo de la sociedad y una reducción del miedo a estar solo? Ésta y otras cuestiones derivadas de la 'aldea global' nos retan a replantearnos nuestra propia identidad, nuestros valores y nuestra esencia como seres sociales.
Con apenas 40 años de vida, Internet ha revolucionado todas y cada una de las nuestras. Con la Red ha nacido la llamada Generación Y (iGeneration), un grupo de jóvenes que crecen rodeados de posibilidades de comunicación y acceso a la información cuasi-infinitas, cuyos conocimientos son filtrados por un buscador online y cuya biografía podría redactarse al pie de la letra, segundo a segundo, si recopilásemos los mensajes escritos y sonoros, y todas las imágenes que intercambiaron con sus contemporáneos a través de cada uno de sus dispositivos electrónicos.
Sin embargo, la avanzada sociedad tecnológica se expone a paradojas como ésta: si bien tenemos conexión directa, instantánea y hasta en 4D con todas las personas del Planeta, también es cierto que ya no nos resulta extraño ver a personas solas comiendo en un parque, o conocer bastante gente que vive sola, o viaja sola. En este sentido, el prestigioso sociólogo Gilles Lipovetsky sostiene que "cuanto más la ciudad desarrolla posibilidades de encuentro, más solos se sienten los individuos"[*], y afirma que a mayor desarrollo tecnológico en una sociedad, más síntomas presenta de individualismo, narcisismo...y soledad.
iGeneration: Del "yo real" al "yo virtual"
El periodista Vicente Verdú muestra su preocupación en uno de sus artículos[1]: "De un lado - dice - crecen los tele contactos, aumentan las sectas, se multiplican los clubes y las pandas, y de otro se incrementan los hogares ocupados por una sola persona hasta alcanzar más de la tercera parte de las viviendas en las grandes capitales de Occidente. En este contradictorio contexto, ¿dónde se halla el gozne de la compañía y el apoyo contra la soledad?"
¿Cuál es la clave de este fenómeno? Internet; el centro del universo de la Generación Y. La Red ha brindado miles de soluciones a muchos de nuestros problemas, tanto personales, como profesionales, y si no que se lo digan al presidente Barack Obama[2]. A partir de ahí, buena parte de nuestra identidad se construye online. Y ése es precisamente uno de los grandes dilemas de la sociedad: la construcción de la identidad de sus individuos. 'Hasta ahora, -explica el profesor experto en redes sociales, Soumittra Dutta[3], en su libro Throwing the sheep in the Boardroom - la construcción de la identidad se trataba de un fenómeno complejo, basado en instituciones sociales como la familia, la comunidad, la iglesia, la profesión o la nacionalidad, por ejemplo. Pero ahora, la gente joven es libre de cultivar en MySpace o Bebo -aunque de forma narcisista- nociones de sí mismo altamente individualizadas'. Algunas son reales, otras no. Los autores llaman al fenómeno 'desagregación', la construcción de múltiples identidades para la Red.
Dicho de otro modo: Hemos trasladado nuestro "yo real" a un "yo virtual". A partir de entonces, nuestra forma de comunicarnos, de relacionarnos, se modifica, obviando un aspecto antes indispensable: la presencia física, que ya no es esencial para podernos realizar como personas. Confiamos en que el otro sigue ahí, lejos o cerca, pero siempre detrás de una pantalla, o de un cable, o en la Red. Ya no nos sentimos solos, pues "saciamos" nuestra falta de compañía mediante un sms, un mail o una llamada de teléfono. En ese sentido, cobran gran relevancia los estudios de Dutta, según los cuales no cesa de aumentar el tiempo que dedicamos a Internet (Share online): hasta un 12,5% del día dedicamos los españoles al uso de Internet[*], lo que supuso un aumento del 87% entre 2007 y 2008.
La "rutina tecnológica"
Una vez metidos en esta "rutina tecnológica", se produce una clara tendencia a la comodidad, al acostumbramiento; al fomento, incluso, de la soledad física. Parece como si ya no doliese la soledad. Porque las TIC nos dan la mano si caemos, para levantarnos; porque si necesitamos aire, abrimos Windows; porque si echamos de menos a alguien, podemos verle a través de una webcam, aun si reside al otro lado del planeta; porque si no nos gustamos tal y como somos, podemos crear un perfil alternativo de nosotros mismos en Facebook. Y si tampoco nos gusta, borrarlo para siempre.
Sin embargo... ya no nos tocamos, ya no nos miramos a los ojos, ya no lloramos. Nadie llora por Internet.
La "rutina tecnológica" también nos enfrenta a una realidad fría. La sociedad cool está en boga. Nuestro comportamiento cambia y con ello la solidaridad social puede peligrar si tan sólo reside al otro lado, perdida en la Red. Todos los valores se volverían superficiales; el conocimiento y la amistad, por ejemplo.
Cambia nuestra actitud, se vuelve más pragmática. Dejamos de ver tanto a los amigos para interesarnos por su estado de ánimo: bastará un sms o un rato chateando por el Messenger. Ya no organizamos un café para solucionar un dilema con el jefe: podemos escribirle un mail o llamarle desde el móvil. Incluso podemos seguir trabajando desde la playa gracias a una Blackberry...hay quien no descansa.
La Generación Y aparece de esta forma como un conjunto de individuos muy independientes, más apáticos, y menos dispuestos a la creación y acción dentro de agrupaciones esencialmente físicas tales como las asociaciones de estudiantes, los sindicatos de trabajadores o las tertulias de literatos.
Muchas profesiones, como el periodismo, notan día a día la fuerza de las TIC, la revolución que supone para su modus operandi, la existencia de Internet. En una conferencia[4] celebrada recientemente en Fundación Telefónica, el ya citado profesor Soumittra Dutta, experto en redes sociales, aconsejaba que, frente a los más retrógrados, todas las empresas deben seguir el ritmo de los avances tecnológicos y de las nuevas formas de relación virtual, con el fin de no perder poder, de no quedarse fuera de la sociedad actual.
Conclusiones: Yo soy yo y mis dispositivos
La dependencia entre "Ego" y "Alter" no desaparece: se convierte en una dependencia distinta, y excesiva si no se cuida, entre la persona y sus dispositivos tecnológicos, entre el ser humano y la máquina. Delante de una pantalla el factor presencial se va obviando y olvidando y nuestra identidad virtual se equilibra y confunde con la real.
Somos más libres de elegir, poseemos más acceso a la información desde todos los lugares, sobre todos los asuntos y todas las personas. ¿Pero qué lugares?, ¿qué asuntos?, ¿qué personas? ¿Es tan distinto el mundo virtual del real, o es un reflejo narcisista de nosotros mismos? Del ágora o la plaza de un municipio, al website; del apretón de manos, a presentarse al mundo (o a tu mundo "a la carta") a través de las redes sociales. Las TIC nos abren paso a un lugar ideal, parecido al mundo de las ideas de Platón, pero no siempre tan verosímil, ni tan seguro. Las amenazas también tienen su espacio en Internet: virus, hackers, desprotección de datos, crimen organizado, copias y falsificación de información y de identidades...
En definitiva, en un contexto en el que las tecnologías nos brindan todo un universo de posibilidades, se hace más necesario que nunca tener presentes y conservar aquellos rasgos que nos hacen ser quienes somos, como individuos y también como elementos integradores de una sociedad. Nadie debería obviar que el mundo empequeñece al mismo tiempo que nuestro Ego crece.
DESTACADOS:
Sobre la autora: Beatriz Álvarez, Periodista y politóloga. Profesión: Dpto. de Comunicación Fundación Telefónica.
REFERENCIAS
[1] Verdú, Vicente. "Soledad, la plaga del siglo XXI", El País. 16/12/2007
[2] El equipo de Obama usó la política horizontal de la web 2.0, colgó 2.000 vídeos oficiales del candidato a la Casa Blanca en YouTube y los usuarios de Internet hicieron el resto. Al final de la campaña había más de 442.000 vídeos de seguidores del ahora presidente de EEUU en esta web, entre los que estaba la famosa canción Yes we can. Lo más inteligente que hicieron es ofrecer todo tipo de información y luego dejar que los internautas la utilizaran, sin imponer nada', según el experto en redes sociales, Soumittra Dutta. 'Estoy convencido de que las próximas campañas electorales, tanto en Estados Unidos como en Europa, se nutrirán de lo realizado en esta', afirmó el pasado 21 de abril de 2009, en un foro organizado por Fundación Telefónica.
[3] campusuniv.campusred.net
[4] www.fundacion.telefonica.com